Notas

Cómo evitar que las sábanas salgan arrugadas del lavarropas

Unos pocos cambios en la rutina de lavado pueden hacer que la ropa de cama conserve mejor su forma y se vea impecable sin necesidad de plancharla.

Publicado el 8 de agosto de 2026, 13:10 hs

En un mundo donde el tiempo libre se siente cada vez más escaso, planchar sábanas se ha convertido en uno de esos rituales domésticos que muchos preferimos evitar. Sin embargo, las arrugas en la ropa de cama no son un destino inevitable: unos ajustes simples en cómo lavamos y secamos pueden cambiar por completo el resultado.

El secreto arranca en la carga. Meter las sábanas con toallas, jeans o prendas pesadas es una de las causas principales de que salgan hechas un bollo. La fricción y el peso desigual hacen que las fibras se retuerzan. Lo ideal es lavar las fundas, sábanas y acolchados por separado o, como mucho, con otras piezas livianas de cama. De esta forma el lavarropas puede mover todo con mayor libertad y el agua circula mejor.

Otro punto clave es la temperatura. El agua caliente, aunque limpia más en apariencia, fija las arrugas en tejidos de algodón o lino. Optar por ciclos en agua fría o tibia reduce ese efecto y, de paso, cuida el color y la elasticidad de las telas. En el caso de las sábanas de franela o invierno, un programa delicado evita que se deformen.

La centrifugación también juega su rol. Un centrifugado fuerte compacta la tela de manera casi irreversible. Bajar la velocidad o elegir la opción “baja” permite que las fibras queden más sueltas y sea más fácil alisarlas después. Algunos lavarropas modernos tienen programas específicos para ropa de cama; vale la pena revisarlos.

Una vez que el ciclo termina, el manejo inmediato marca la diferencia. Dejar las sábanas dentro del tambor por más de media hora es garantía de arrugas profundas. Sacarlas apenas termina el lavado y sacudirlas con energía ayuda a relajar las fibras. Si se tiene secadora, conviene usarla a baja temperatura con unas pelotas de lana o bolas de secado: estas últimas separan la tela y evitan que se apelotone.

Cuando no hay secadora o se prefiere el tendedero, el truco está en cómo se cuelga. Estirar bien las esquinas y bordes mientras se tiende, preferentemente en un lugar con buena circulación de aire pero sin sol directo, reduce notablemente las marcas. Colgarlas en forma de “U” en lugar de dobladas también ayuda a que el peso propio las alise.

Para quienes no quieren resignar la suavidad de una sábana recién planchada pero tampoco tienen tiempo, existe una solución intermedia: doblarlas todavía húmedas. Una vez que están a punto de secarse del todo, se retiran del tendedero, se estiran con las manos y se doblan con prolijidad. Este método, que muchos llaman “el truco de la abuela”, funciona especialmente bien con algodón percale.

En los últimos años, con el auge del trabajo remoto y las casas más pequeñas, estos pequeños hacks de lavado se volvieron parte de la conversación cotidiana sobre el hogar. No se trata solo de estética: una cama con sábanas lisas influye en cómo percibimos el descanso y el orden del espacio. En un momento donde la salud mental y los rituales diarios ganan terreno, hasta el acto de tender la cama puede ser una pequeña victoria contra el caos.

Por supuesto, no todas las telas responden igual. Las mezclas de poliéster suelen salir más lisas que el algodón puro, aunque muchos prefieren la sensación natural de este último. En esos casos, combinar los cuidados mencionados con un buen suavizante o vinagre blanco en el enjuague puede marcar la diferencia sin recurrir a químicos agresivos.

Al final, evitar las arrugas en las sábanas no requiere tecnología nueva ni productos caros. Solo consiste en prestar un poco más de atención a cómo interactuamos con la máquina que, en la mayoría de los hogares, trabaja casi a diario. Y en ese gesto mínimo hay algo de resistencia: elegir tomarnos un minuto extra para que las cosas salgan mejor, aunque sea solo en la cama.

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