BREVES

Causa Noble: "La resolución de Bergesio es inentendibe"

Así lo expresó a P&M el abogado de la familia Lanoscou, Pablo Llonto, respecto del pronunciamiento del magistrado, quien, luego de enviar las muestras al Banco Nacional de Datos Genéticos, resolvió que se debía cumplir con la ley que ordena que eso se realice. Según Llonto, "la táctica de los abogados de Noble, con el guiño del juez, es dejar pasar el tiempo porque si ella muriera, ya no quedarían culpables".

Revista #38 Mayo 2010 > Politica Nacional

Puta a los cien, doncella a los doscientos


Por Tato Contiza

Una rareza del desarrollo histórico ha querido que los argentinos cifremos en el primero y segundo centenario de mayo dos momentos singulares en la vida de la Nación. Pero, allende los proyectos políticos y sus paradigmas jugados en uno y otro tiempo, lo que me importa aquí es destacar los diferentes estados de su juglaría, quiero decir: los agentes del relato, los constructores del soporte simbólico en que se escenifican los procesos.

En el Centenario el proyecto de la Argentina pastoril y del modelo agroexportador satelital a la política británica hacía su autoglorificación. La prensa, la escuela y la tribuna afianzaron la idea de eternidad de ese diseño.

Los fastos del Centenario fueron con todo el oropel imaginable, un hecho político en infinidad de sucesiones y con escenario en las principales capitales del país, no sólo en Buenos Aires.

Esos festejos y su relato, constituyen la consagración misma del modelo político, económico y social de la “oligarquía vacuna”. Un país que alcanzaba el “éxito” sobre la base del fraude electoral, la democracia ficticia, y la resignación de un desarrollo propio. La prensa del tiempo nos sirve hoy como prueba de que la conmemoración del Centenario fue una acción de masificación de su relato. ¿Por qué? La Ley Saenz Peña dos años después, y el triunfo de Yrigoyen en 1916 responden con toda su elocuencia a esa pregunta. Está claro que la otra Argentina, derrotada en todos los frentes en el siglo anterior, asomaba sus viejos perfiles sociales con la suma de nuevos actores resultado de los diferentes procesos inmigratorios. Para poner por caso mencionemos la amenaza de huelga general organizada para impedir los festejos neutralizada por el Congreso al implantar el Estado de sitio. Esa pulsión libertaria había que pararla.

El yrigoyenismo fue democracia vigilada. La casi totalidad de los ministros eran de extracción conservadora, ligada por vía sanguínea a lo más recalcitrante del modelo oligárquico.

En ese contexto (dixit Jauretche) la cátedra, la escuela y la prensa, acompaña la misa conservadora del Centenario para grabar la aclamación victoriosa del país dependiente.

El espíritu festivo caló en la inmediatez de un pueblo sojuzgado, y dejó los dolores de los pueblos que no se someten. Esta algarabía fue el resultado de la campaña que comenzó a desplegar el gobierno varios años antes, haciendo encaminar la causa del Centenario como uno de los acontecimientos de mayor importancia con que contó nuestro país.

En tanto el país irreal seguía su designio de ensoñación colonial y remates. Para ello se contaba con innumerables negociantes en el interior de la genuflexión. Una de las compañías destacadas en remates y consignatarios, fue la fundada por Adolfo J. Bullrich y Cía. Por su gestión se facultó la acumulación y la consagración legal de innumerables apropiaciones de campos en la pampa húmeda. Su edificio, replicado de los cánones de origen europeo, estaba ubicado en lo que hoy es el centro comercial conocido como “Patio Bullrich”.

La lista del Centenario es de una docena de familias ligadas por lazos de interés lejanos al amor de los hombres y a la patria.

La prensa dio sus vítores en el mundo sociopolítico y fundó un romanticismo nostálgico como rasgo de carácter en una burguesía que logró la decadencia antes del esplendor. Una mala imitación del romanticismo europeo por falta de historia y sobra de olor a bosta de vaca. La prensa jugó a sostener el modelo económico pero también la farsa social de su agente: la oligarquía.

Veinte años después, la indignidad y la pequeñez de ese destino pretendido se derrumbaban para siempre. En 1930 la del proyecto colonial queda sin destino y sólo atina a colgarse de la mustia teta del imperialismo decadente en posiciones oprobiosas como las que emblematiza el tratado Roca-Runciman. La ruinosa imagen de la historia fue encubierta por la prensa. La definición del período 30/40 del siglo veinte queda consagrada como la Década Infame. Esa década fue sólo la fiebre como manifestación de un país secularmente enfermo, con un modelo fracasado de antemano por atado al fracaso previsible del imperialismo británico.

Este período se caracteriza por una primera transformación del sistema mediático que tiene dos ejes, la aparición de la prensa “popular” y la masificación de la radio. Ambos fenómenos proceden a la aparición de nuevos actores y de un nuevo perfil de “audiencia” extendido a las mayorías populares.

Promediando el siglo una fuerza de transformación social y política, el peronismo, clausuraba las ansias de retorno de manera definitiva cambiando las condiciones objetivas y poniendo al país en una nueva e inexorable ruta.

Los procesos revolucionarios son irreversibles como primera condición y por propia definición. Hoy sólo queda la absurda nostalgia del pensamiento más reaccionario sobre un país inexistente colgado de un séptimo lugar en el mundo.

Estos son otros tiempos. El Bicentenario nos encuentra a los argentinos en medio de una épica por la recuperación de la palabra pública. El nuevo Mayo nos encuentra en la ruta que nos aleja de las pretensiones restauradoras del conservadurismo y asoman los actores que el liberalismo finisecular había vuelto a condenar al silencio.

La concentración de la propiedad de los medios de comunicación parece llegar a su fin, y con ella la imposición y masificación del discurso único y de todas las operaciones de debilitamiento del pensamiento nacional. En su lugar, el país real que ha ido perfeccionando sus voces en los suburbios del sistema comienza a cobrar protagonismo.

Se ha invertido la ecuación de centuria a centuria: hoy la palabra pública abandona las trincheras y da la lucha a campo abierto y en el centro del ring.
En medio de los dolores de un mundo que no sabe qué presente habrá de parir al final de la crisis, la Argentina se adoncella con deseos propios, con ideas propias, y se limpia de la resignación que la prostitución política y económica de su primer centenario le había dejado pintada en la boca.

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