BREVES

Causa Noble: "La resolución de Bergesio es inentendibe"

Así lo expresó a P&M el abogado de la familia Lanoscou, Pablo Llonto, respecto del pronunciamiento del magistrado, quien, luego de enviar las muestras al Banco Nacional de Datos Genéticos, resolvió que se debía cumplir con la ley que ordena que eso se realice. Según Llonto, "la táctica de los abogados de Noble, con el guiño del juez, es dejar pasar el tiempo porque si ella muriera, ya no quedarían culpables".

Revista #38 Mayo 2010 > Politica Nacional

La clase trabajadora en el Bicentenario


Por Omar Plaini*

En este Bicentenario que estamos festejando podemos decir que el movimiento obrero es una de las partes más sustanciales de la historia de nuestro país. Desde el nacimiento mismo de la patria estuvieron los sectores trabajadores, que se expresaban de otra manera porque era otro tiempo. Nuestros gauchos y nuestros criollos, que lucharon primero contra el absolutismo y luego por la independencia, precisamente eran parte de los sectores del trabajo, a los que hay que sumar a los intelectuales y los grandes hombres como Mariano Moreno, Manuel Belgrano, José de San Martín, por mencionar sólo algunos.

Luego de la gesta emancipadora, tuvimos nuestro primer gran hecho histórico, en el Centenario, donde fueron protagonistas los anarquistas, los socialistas, los comunistas y los sindicalistas. Hay toda una etapa muy rica, que a veces uno la expresa y la sintetiza en lo que fue la patagonia rebelde, y ahí se vislumbra la conformación de nuestra estructura del movimiento obrero, del proletariado. Llegaron aquellos inmigrantes, que venían con una concepción europea, y de allí los anarquistas, los socialistas y los comunistas. Pero luego fue naciendo una genuina clase trabajadora argentina, que quizás en los albores la representó el sindicalismo, y que con el advenimiento de Juan Perón alcanzaría su mayor visibilidad. Yo creo que los trabajadores fueron peronistas antes que Perón, antes de que naciera el peronismo como movimiento o como estructura partidaria.

El 17 de octubre del ’45, cuando los trabajadores masivamente acuden en rescate de su líder, ya se había engendrado el peronismo en la clase trabajadora. Perón después le dio forma política partidaria, por supuesto con la inteligencia y la lucidez que tenía, de ver más allá de un partido político a un gran movimiento nacional. Es recién ahí, y por única vez, que avanzamos en un proyecto de país industrial, emancipatorio, nacional y popular. Salimos del sometimiento doloroso de la patria agroexportadora, para transformarlo en un país que mirara hacia dentro. El trabajador conoció lo que significaban los derechos, las conquistas sociales, la salud pública y la educación, pudiendo ir sus hijos gratuitamente a estudiar a la Universidad junto con los hijos de los patrones.

La clase popular, la de ayer y la de hoy, se expresa a través de los trabajadores. Son los trabajadores los sujetos de cambio, por propia definición de sus intereses. Está en la clase misma -y con esto no quiero parecer clasista-, por la defensa de su dignidad, de su condición de vida y de sus condiciones de trabajo, ya sea con el músculo o con el intelecto.
Para lograr un mundo con justicia social tenemos que cambiar los mecanismos y los instrumentos que nos rigen. Para esto, la organización es fundamental, así como la convicción para la lucha y la capacidad de utilizar las herramientas que la etapa tecnológica nos brinda.

La clase trabajadora ha sido la gran protagonista de toda la gesta de la historia. En base a sus luchas, su condición y su voluntad emancipadora, y a su capacidad de resistencia también, hoy la clase trabajadora argentina puede expresar que vive en un país de pie y avanzando nuevamente en un proyecto nacional y popular que profundiza el camino hacia la distribución de la riqueza. En nuestra memoria quedarán por siempre compañeros brillantes como Raimundo Ongaro, Atilio López, Agustín Tosco, René Salamanca, Jorge Di Pascuale, Sebastián Borro, Avelino Fernández y Germán Abdala, entre miles.

Y si uno pudiera tomarlo por etapas, la última gran resistencia de los trabajadores fue durante la dictadura genocida, donde la mayoría de los desparecidos fueron compañeros trabajadores y delegados gremiales, sin desconocer el protagonismo de la juventud, de los profesionales y los intelectuales. También la década del ’90 fue de gran resistencia; al menos de un sector, mientras otros aguardaban pasivos el desmantelamiento de la industria, la venta del patrimonio nacional y la destrucción del Estado.
Este Bicentenario nos encuentra en una etapa muy interesante donde los trabajadores, en este proceso que se ha dado de 2003 a la fecha, reaparecemos como el eje vertebral de la sociedad; potenciado con la participación de los jóvenes en todos los sectores, y en particular yo podría señalar un gran compromiso de la juventud en nuestras organizaciones sindicales, que vuelve a entusiasmarse y a florecer porque ve que se ha revalorizado el sentido de la política como eje transformador de la sociedad.
Esto sucede mientras el neoliberalismo sucumbe. Paradójicamente, ese neoliberalismo que le significó  mucho sufrimiento al pueblo argentino, surgió en el ’76 en búsqueda de la concentración económica que tuvimos desde el nacimiento de la patria y fundamentalmente del Centenario, donde el modelo agroexportador y el “granero del mundo” constituían un país para unos pocos en detrimento de las mayorías.

Asimismo, una gran conquista de todo el pueblo, es haber logrado instalar como un valor imprescindible la Memoria, la Verdad y la Justicia. Aunque existe una batalla cultural que todavía estamos perdiendo, y es la que tenemos que pasar a ganar, o al menos equiparar. Los grandes medios de comunicación son los que determinan la agenda, imponen estéticas y cuentan la historia. Ése es uno de los grandes desafíos que tenemos, y quizás la historia diga luego que el Bicentenario fue el momento histórico donde en un proceso de avance para la sociedad se quebró el discurso hegemónico y se democratizó la palabra.

“Todas las generaciones tienen un mandato histórico, lo cumplen o lo traicionan”, decía Franz Fanon. Por lo tanto, nuestra generación debe cumplir el mandato histórico, que es el mismo de aquel Mayo, el de nuestra independencia, el de nuestra patagonia rebelde, el 17 de octubre, el de la resistencia, el de la juventud maravillosa y el sindicalismo de los ’70, que es obtener definitivamente la justicia social. Tenemos que luchar por eso y lograr superar esta etapa, porque “nos dejaron una aldea de riqueza y un inmenso mar de pobreza”, como expresó Nelson Mandela. Ese es el desafío en nuestro Bicentenario.

*Diputado Nacional y Secretario General del Sindicato de Vendedores de Diarios, Revistas y Afines -SIVENDIA-.

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