BREVES

Causa Noble: "La resolución de Bergesio es inentendibe"

Así lo expresó a P&M el abogado de la familia Lanoscou, Pablo Llonto, respecto del pronunciamiento del magistrado, quien, luego de enviar las muestras al Banco Nacional de Datos Genéticos, resolvió que se debía cumplir con la ley que ordena que eso se realice. Según Llonto, "la táctica de los abogados de Noble, con el guiño del juez, es dejar pasar el tiempo porque si ella muriera, ya no quedarían culpables".

Revista #38 Mayo 2010 > Politica Nacional

La Iglesia en el Bicentenario


Por Rubén Dri

En el siglo XVI, se produce la “acumulación originaria” con la que el capitalismo comienza su marcha triunfal por el universo. Dos son las bases fundamentales de la misma: la expulsión de los campesinos en Europa, y la extracción de riqueza y la superexplotación de los indígenas y de los negros en América. Sin esa contribución de América, el capitalismo no se habría podido desarrollar.

Para que ello sucediera fue necesario el aporte de la Iglesia. El Pontífice Alejandro VI se encargó de legitimar teológicamente la invasión y ocupación de las tierras americanas por los reyes católicos, mediante documentos papales  conocidos con el nombre de “Bulas”. En ellas se alude a la exaltación de la fe, la salvación de las almas, el abatimiento de las naciones bárbaras, la reducción de las mismas a la fe, el honor de la divinidad y el engrandecimiento del imperio de Cristo.

Los “conquistadores españoles” son acompañados siempre por los “misioneros”, encargados de legitimar la conquista y convertir a los “paganos” indígenas. La teología de dominación expresada en las Bulas acompañó siempre a la conquista realizada a lo largo del siglo XVI. Pero entre los “misioneros” siempre hubo una contradicción interna. No todos se limitaban a la tarea de legitimación y conversión, sino que algunos, entre los que se destacan Bartolomé de las Casas, Vasco de Quiroga y Montesinos,  cuestionaban la política de “conversión”. Constituyen ellos los primeros esbozos en Latinoamérica de lo que más tarde se llamaría “Teología de la Liberación”.

Ambas corrientes, la monárquica o sacerdotal, hegemónica, y la profética, subalterna, estarán vigentes en la etapa de las luchas por la independencia y la organización del país. El proyecto mitrista de patria chica, centrado en la pampa húmeda y el puerto de Buenos Aires, estuvo acompañado por jerarcas y sacerdotes pertenecientes a la teología de la dominación. Los caudillos federales, por su parte, en sus luchas por la patria grande latinoamericana y la protección de las artesanías nacionales, eran acompañados por curas populares.

Las dos iglesias

De 1959 a 1979 atraviesan a la Iglesia universal fuertes vientos de renovación. Juan XXIII convoca al célebre Concilio Vaticano II, que abre las compuertas de la Iglesia para las corrientes renovadoras, y su sucesor, Paulo VI, mediante la encíclica “Populorun Progressio” da el espaldarazo necesario a las corrientes liberadoras y revolucionarias que emergían con fuerza en el continente latinoamericano. En 1968, los obispos latinoamericanos, reunidos en Medellín, aprueban los documentos más revolucionarios que nunca hayan salido de las filas jerárquicas de la Iglesia.
Los documentos de Medellín no hacían más que expresar lo que estaba aconteciendo en el seno de la Iglesia. Esta, como Iglesia comprometida con la dominación, se encontraba desafiada interiormente por una poderosa corriente que entroncaba directamente con las grandes tradiciones proféticas, evangélica y del cristianismo de las primeras asambleas o “iglesias”.

En las décadas del ’60 y del ’70 los movimientos populares de liberación atraviesan todo el continente latinoamericano. Se oponen a la implementación del programa neoliberal y pugnan por avanzar hacia sociedades liberadas de la opresión imperialista. En el seno del catolicismo, maduran los movimientos que abrevan en las fuentes proféticas y evangélicas, y se constituyen en verdaderos motores del proceso transformador.

Se habla entonces de dos iglesias, una comprometida con las corrientes liberadoras, pero en realidad esto se presta a una confusión. Efectivamente, esta segunda iglesia en realidad nunca pretendió organizar otra Iglesia con su estructura, su jerarquía, su derecho canónico. Sólo pretendió asumir plenamente el proyecto de Jesús de Nazaret, el de las primeras asambleas cristianas. De esa manera, surgieron agrupaciones de sacerdotes, religiosos y laicos, que se reconocían en ese proyecto como los Sacerdotes para el Tercer Mundo, que asumieron sus compromiso con los sectores populares.

Para imponer el proyecto neoliberal, se instalaron en el continente latinoamericano feroces dictaduras militares. En Argentina, la dictadura instalada en 1976 produjo un verdadero genocidio con la complicidad de la Iglesia, que siguió adherida al proyecto monárquico-sacerdotal, mientras los miembros de la otra iglesia padecían la suerte de los militantes populares, sufriendo la cárcel, el exilio, la tortura y la desaparición. La reflexión teológica de la iglesia popular, profética, se conoce con el nombre de “Teología de la Liberación”.
 

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