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Causa Noble: "La resolución de Bergesio es inentendibe"

Así lo expresó a P&M el abogado de la familia Lanoscou, Pablo Llonto, respecto del pronunciamiento del magistrado, quien, luego de enviar las muestras al Banco Nacional de Datos Genéticos, resolvió que se debía cumplir con la ley que ordena que eso se realice. Según Llonto, "la táctica de los abogados de Noble, con el guiño del juez, es dejar pasar el tiempo porque si ella muriera, ya no quedarían culpables".

Revista #38 Mayo 2010 > Politica Nacional

Hay que reformular el modo en que Argentina procesa los conflictos


Carlos Raimundi*

A mi modo de ver, el Bicentenario no está vinculado con un hecho histórico puntual, sino con una etapa. Esto me lleva a despojarme de la idea del Bicentenario como un evento político y pasarlo a la categoría de un proceso político. Inclusive, como en Argentina tenemos esa particularidad de que la formación del primer gobierno no virreinal haya sido en 1810, pero la declaración de la independencia definitiva fuera en 1816, adscribo a la idea de planear el Bicentenario como un proceso de reflexión que debería abarcar de 2010 a 2016.

Creo que a ese proceso de reflexión habría que realizarlo en dos planos. Uno de esos planos sería el del conjunto de la sociedad, que no debería tomar esta etapa como un festejo, sino como una etapa para repensar sobre nosotros mismos; una etapa de elaboración de proyectos hacia adelante, una etapa de grandes acuerdos sociales y políticos. El otro plano que me parece central es el educativo. Habría que fijar 3 o 4 grandes metas educativas y en 2016 analizar hasta cuáles de ellas se cumplieron. Porque los grandes cambios se convierten en irreversibles cuando forman parte de la conciencia media de la sociedad; y eso se logra cuando los alumnos, sobre todo los niños, les enseñan a los padres. Esto es muy común que pase con el respeto a algunas normas viales o algunas normas ambientales.

En este sentido, es importante instalar una mayor cultura de la negociación en Argentina. Aquí, la negociación es una palabra que se toma en términos peyorativos, y se la vincula con pactos espurios, con acuerdos en las penumbras. Sin embargo, la negociación no debería ser un término negativo. Por ejemplo, en Brasil, el partido del presidente Lula tiene en el Senado 13 de los 81 senadores, y en diputados solamente tiene un tercio de la representación; por lo tanto, está obligado a formar acuerdos parlamentarios. No obstante, eso no lo trasforma en un gobierno débil, porque la idiosincrasia de la sociedad brasileña no ve la negociación política como un sinónimo de derrota.

En el contexto del Bicentenario es bueno analizar esto, porque esta cultura de rechazar las negociaciones se inicia con la Primera Junta de Gobierno, cuando en su seno el primer conflicto político entre el proyecto de Cornelio Saavedra, que pretendía cambiar al gobierno español por un gobierno criollo pero mantener la situación monopólica y los grupos de poder, choca con las ideas renovadoras, en aquel momento liberales y progresistas, de Moreno, Castelli y Monteagudo. Entonces, en lugar de tratar de encontrar una síntesis, el conflicto se superó asesinando a Moreno. Es decir, Argentina inicia ahí un proceso que implica la modalidad de encarar los conflictos por la eliminación de lo opuesto. Eso impide la capacidad de escuchar. Así siguieron unitarios y federales, con la muerte de Dorrego y luego la muerte de Lavalle; los exilios forzados por cuestiones políticas; la disputa entre la capital y el interior; los conservadores, los radicales y la década infame; el peronismo y el antiperonismo; azules y colorados; hasta llevar al paroxismo del genocidio de la última dictadura.

Cuando recomienza la vida institucional en el ´83, no cambiamos esa lógica por la del consenso, sino por la del pacto espurio. Los acuerdos entre Manzano y Jaroslavsky; entre Barrionuevo y Nosiglia; el Pacto de Olivos, donde Raúl Alfonsín estaba haciendo exactamente lo contrario de lo que dijo, etc. Todos acuerdos interpersonales que después arrastran a estructuras políticas. Pero no hay un proceso de maduración de los grandes acuerdos. Eso impide políticas de Estado. Por eso es importante tomar la etapa del Bicentenario como reformulación del modo en que Argentina procesa los conflictos, para llegar a un nivel en que la negociación se asocie con la capacidad de admitir que en el que piensa distinto puede haber una parte de razón, una parte de verdad; y tratar de encontrar posiciones superadores en lugar de la acumulación de fuerzas para matar o morir.

Reconozco que esto que estoy diciendo tropieza con un problema. En estos días, como nunca antes, se está dando un debate muy rico sobre algunos ejes de poder, sobre algunas disputas muy fuertes de poder. Entonces, entre una economía al servicio del mundo financiero, con independencia de la producción, y una economía productiva, no hay puntos intermedios; entre monopolios que manipulan la formación del sentir de la opinión pública y la presencia de la sociedad en los medios, no hay puntos de síntesis. Ahí hay que quebrar algunos ejes de poder que están muy instalados. Sin querer sonar contradictorio, señalo que tengo un anhelo referente de cómo construir la Argentina de acá en adelante, pero al mismo tiempo tengo plena conciencia de que en este momento estamos en un proceso de debate muy fuerte y muy importante.


* Raimundi fue diputado nacional  en los períodos 1989-1993, 1995-1999, 1999-2003 y 2005-2009; es abogado y en la actualidad ejerce como  profesor adjunto en la materia Derecho Político de la carrera de Derecho de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), y es docente en la Maestría de Relaciones Internacionales de la U.N.L.P., en la Universidad de Buenos Aires (U.B.A) y en el Instituto Hannah Arendt.

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