BREVES

Causa Noble: "La resolución de Bergesio es inentendibe"

Así lo expresó a P&M el abogado de la familia Lanoscou, Pablo Llonto, respecto del pronunciamiento del magistrado, quien, luego de enviar las muestras al Banco Nacional de Datos Genéticos, resolvió que se debía cumplir con la ley que ordena que eso se realice. Según Llonto, "la táctica de los abogados de Noble, con el guiño del juez, es dejar pasar el tiempo porque si ella muriera, ya no quedarían culpables".

Revista #44 Noviembre 2010 > Politica Nacional

El pueblo como único heredero

Luego de la muerte del ex presidente Néstor Kirchner la interna del PJ comienza a recalentarse en busca de un sucesor. El rol de la juventud será crucial en esta nueva etapa comandada por la presidenta CFK que no retrocede y va por más: la consolidación del modelo de cara al 2011.


Por Lautaro González

En el 2003 cuando Néstor Kirchner asumió la presidencia con el 22,7% de los votos, luego de que Carlos Menem anunciara que no iría al ballotage, la mayoría de los argentinos miraron con escepticismo el anclaje político de este casi desconocido personaje sureño.

Al llegar a la Casa Rosada, Kirchner tiró los protocolos por el aire y se puso a apagar el incendio que décadas atrás habían dejado las políticas neoliberales con el final menos esperado: un país en estado de sitio, más de 30 muertos en Plaza de Mayo y una desocupación que superaba el 25%.

El ritmo desenfrenado que le imprimió a la política rápidamente lo posicionó como un eslabón clave en la reconstrucción de la figura presidencial y la consolidación del sistema democrático que, por ese entonces, pendía de un hilo. Eran los vientos del sur que empujaban desde Santa Cruz: primero con la intendencia de Río Gallegos, luego con la gobernación de la provincia, Kirchner estaba listo para asumir los desafíos a nivel nacional y devolverle a esa juventud maravillosa las fuerzas y convicciones de la militancia.

El bastón del Presidente


Al iniciar su gestión como jefe máximo de la Argentina, Kirchner advirtió que no podía cambiar esa realidad solo y por lo tanto debía construir una política de alianzas lo suficientemente sólida y acorde con la realidad que lo rodeaba. Una serie de acuerdos que le permitiera gestar un modelo económico nuevo bajo las tres banderas históricas del peronismo: justicia social, soberanía política e independencia económica. Un modelo que reforzara la figura presidencial y a su vez sostuviera al sistema democrático para no generar nuevas fisuras o profundizar las existentes.
Demasiada fue la presión que NK absorbió junto a su esposa a la par que construía su entorno político. Además observaba cómo lidiar con la estructura burocrática y cuasi obsoleta que el menemismo había dejado del viejo PJ.

Así, tal cual bombero político, NK apagó conflictos sociales de todo tipo e índole, y supo reconstruir la confianza del pueblo. Le demostró a los trabajadores que no todo estaba perdido y se ganó, al menos, una chance de continuidad política entre la sociedad y varias cartas de confianza.
Tal fue el afán por solucionar los temas centrales en Argentina que al asumir el mando presidencial por parte de Duhalde en 2003, sus gestos lo decían todo: “al que no gobierne pensando en el pueblo, le voy a dar con este bastón saben donde…” pareció decir NK al manipular el emblema presidencial ante la alegría de Cristina Fernández.

Poco a poco NK consolidó un modelo de inclusión que se basó en devolverle la dignidad al pueblo y en recuperar la economía nacional. Lo cierto es que en el tercer trimestre de 2003, el desempleo era del 18% y hoy está por debajo del 8%. Durante su presidencia, la lucha contra la pobreza cayó a la mitad —del 47% al 23%—, mientras que los indigentes, 20 de 100 argentinos al comenzar su mandato, hoy son sólo ocho.

Una estrategia transversal
 

Además, se pueden mencionar como hechos destacables la suba del salario mínimo. Este pasó de 200 a 980 pesos (70 y 313 dólares al cambio de 2003 y al actual, respectivamente), un incremento del 380%, y las pensiones mínimas subieron de 150 a casi 600 pesos. También el PBI creció espectacularmente a un ritmo superior al 8% anual. Los momentos estelares de su gestión fueron la liquidación de la deuda que el país mantenía con el FMI y la reestructuración de deuda externa por 81.836 millones de dólares, con una quita del 65,4%, aceptada por más de las tres cuartas partes de los acreedores. A esto se le suma el crecimiento de las reservas con un constante superávit fiscal.

Recordemos que la herencia que Kirchner recibió el 25 de Mayo de 2003 fue una deuda que ascendía a 178.000 millones de dólares y uno de los índices de paro, pobreza y marginación social más altos en la historia argentina. Sin embargo, desde el primer momento encaró con decisión la compleja situación del país e impuso un ritmo tan vertiginoso a las medidas iniciales que los medios de comunicación hablaron del "efecto" o del "estilo K".

Ante los graves problemas sociales, políticos y económicos, NK se fijó como prioridades la vigencia de los derechos humanos (consiguió la revocación de las leyes de punto final y obediencia debida), la lucha contra la corrupción y la revisión de las políticas económicas neoliberales, que contribuyeron a la ruina del país y el empobrecimiento de millones de argentinos. Además alentó al Congreso a agilizar el proceso político contra los jueces corruptos de la Corte Suprema hasta llegar a tener una Corte de carácter independiente.

Por eso la estrategia de gobierno se basó en un proyecto "transversal" que contuviese un conglomerado de alianzas extrapartidarias con dirigentes políticos de toda índole a fin de combatir al caudillismo en pos de la reconstrucción del país.

Ahora, en el seno de todo el arco político argentino, comienzan a debatirse las distintas posiciones del pos kirchnerismo. Una sumatoria de fuerzas políticas, sociales y culturales que tendrán que asumir el rol histórico que le compete y llevar al Proyecto Nacional a la victoria.
 
Lo que dejó la plaza: una juventud rebelde y oficialista

El conmovedor respaldo en la Plaza de Mayo brindado por el pueblo argentino dejó un claro actor que comienza a jugar su propio papel: la juventud. Una juventud que se vio reflejada en el presidente-militante y en el gobierno, una juventud que al colmar la plaza dio por tierra con todas las teorías e hipótesis conspirativas que desde los medios se tejieron a la hora de la muerte de NK.

“La falta de Kirchner deja la sensación política de que falta el Presidente y es como si se planteara el interrogante de cómo va a actuar el vicepresidente (…) Ella, (CFK) ocupa ahora el centro de la escena y tiene la oportunidad de ejercer el poder por sí misma (…) Tiene la oportunidad de modificar, rectificar, corregir, cambiar una serie de aspectos, estilos, orientaciones y políticas impuestas por su marido (…). Ella ahora puede adoptar algunas decisiones que se reclaman, como tomar distancia de Hugo Moyano y terminar con su influencia (…)”, editorializó en tono desafiante Rosendo Fraga en el diario La Nación a casi dos horas del anuncio de la desaparición física del secretario general de UNASUR. A estas y otras declaraciones la juventud respondió y colmó la plaza, en señal de respuesta. Que es momento de apoyar al modelo de inclusión social iniciado en 2003, que es tiempo de profundizar el proyecto nacional y popular encarado, hoy, con toda la fuerza y vitalidad, por la actual presidenta la nación.

La juventud, en la plaza, al calor de la movilización organizada y también por cuenta personal, dio una contundente muestra de solidaridad y acción política al acompañar a la presidenta en defensa del modelo. Así, demostró, como actor social en la política argentina, que se puede ser oficialista y rebelde mismo tiempo, hecho poco inusual en la historia argentina.

Oficialista porque defiende este modelo de inclusión social y apertura nacional e integración latinoamericana, y rebelde porque el propio modelo se enfrenta con las corporaciones económicas y mediáticas que forman parte de la Argentina destituyente.

Por eso el rol de la Juventud Sindical, la Juventud Peronista, La Cámpora, y el resto de las juventudes organizadas en las fuerzas populares, deberán mancomunar su militancia junto a las dependencias institucionales de la juventud que forman parte de la estructura de gobierno. El desafío será realizar el tan predicado trasvasamiento generacional para acompañar a CFK y llevar a buen puerto este modelo.

Un cerebro con dos cuerpos

Son innumerables las medidas de gobierno impulsadas por NK que se consolidaron con la llegada de CFK a la presidencia en el 2007. Lo cierto es que la hipótesis del cerebro con dos cuerpos, el de NK y CFK, será puesta a prueba en los próximos meses.

Con la ausencia de Néstor Kirchner queda Cristina Fernández como la heredera política de este proyecto y parte de lo que dejó el relato en cadena nacional refleja sus convicciones. “No es el momento más difícil, es el momento más doloroso”, recalcó la mandataria. Es que los analistas políticos del establishment creen que al quedar sola, una ola de caos sacudirá al país hasta las cenizas.

“Quiero agradecerles en forma especial a las decenas de miles y miles de jóvenes que cantaron y marcharon con dolor y con alegría cantando por él y por la patria. Decirles que están en un país que los convocó, que los ama y los necesita. Y vamos a seguir haciéndolo distinto entre todos”, destacó Cristina Fernández en pos de integrar definitivamente a la juventud como actor social de cara al 2011.

Con la muerte de Néstor Kirchner, nació definitivamente el kirchnerismo, el desafío será ahora la construcción de la organicidad de este espacio para la consolidación de un modelo económico, político y social que lleve a la Argentina hacia la consolidación definitiva por una patria, libre, justa y soberana.
 

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