BREVES

Causa Noble: "La resolución de Bergesio es inentendibe"

Así lo expresó a P&M el abogado de la familia Lanoscou, Pablo Llonto, respecto del pronunciamiento del magistrado, quien, luego de enviar las muestras al Banco Nacional de Datos Genéticos, resolvió que se debía cumplir con la ley que ordena que eso se realice. Según Llonto, "la táctica de los abogados de Noble, con el guiño del juez, es dejar pasar el tiempo porque si ella muriera, ya no quedarían culpables".

Revista #49 Noviembre 2011 > Politica Nacional

20 DE DICIEMBRE: EL PUEBLO SABE LO QUE QUIERE

El proyecto neoliberal, de Martínez de Hoz a Cavallo y de Videla a De la Rúa, se encontró el 20 de diciembre de 2001 con un pueblo decidido a terminar con 25 años de sometimiento y entrega del patrimonio nacional. La memoria de miles de luchas de los '70, los '80 y los '90 confluyeron en la Plaza al grito de "que se vayan todos" para la nueva política. Diez años después, queda de manifiesto que ese día, parimos una Nueva Argentina


 

Por Federico Martelli

 

Es muy difícil, sino imposible, comprender la extensión y profundidad del saqueo sufrido por nuestro país entre 1976 y 2001 si no tuviéramos como referencia los logros alcanzados en estos ocho años de gobierno nacional y popular.

Para el año 2001 acumulábamos varios períodos gubernamentales post dictadura y en cada uno de ellos se había profundizado aun más el modelo neoliberal, que dejó como saldo un marcado deterioro del bienestar social.

Tras el shock inicial de la dictadura militar, puesto en marcha el 2 de abril de 1976 por José Alfredo Martínez de Hoz, todos los gobiernos que le siguieron utilizaron más o menos las mismas recetas, con el agravante que a medida que se profundizaban, generaban mayor dependencia de los organismos multilaterales de crédito.

El contexto era similar en todos los países de la región, por lo que era aun más difícil encontrar puntos de comparación que nos permitieran dimensionar la catástrofe económica y social por la que atravesaba el país.

El bienestar social aparecía en el discurso de los sectores dominantes como una meta sólo posible tras un largo esfuerzo de los sectores populares, que debían someterse al mercado y aceptar sus penurias como condición necesaria para que “algún día” pudieran recuperar algo de lo perdido.

Fueron 25 años en los cuales los escasos logros que podíamos obtener consistían en obstaculizar temporalmente la profundización del neoliberalismo, que se expresaba en medidas económicas y sociales que redundaban en mayores niveles de explotación del trabajador y enajenación del patrimonio nacional.

En muchísimos casos ni siquiera se lograba obstaculizar una determinada medida y el saldo positivo estaba dado simplemente por haber articulado una oposición popular a esa medida, como ocurriera con el millón de firmas contra la privatización del sistema jubilatorio en 1994 o con la Ley de Educación Superior en 1995.

La claudicación y complicidad de sectores del movimiento obrero organizado que apoyaron activamente el modelo (privatizaciones, leyes de flexibilización, despidos, desguace del Estado) y de la conducción de los partidos mayoritarios dejaba sin andamiaje institucional a los millones de argentinos que buscaban la manera de hacer frente a un modelo que ya no se valía de dictaduras militares, sino que arrasaba en las urnas.

Incluso sectores de la intelectualidad progresista habían comprado “el fin de la historia”. La “tercera vía” era todo a lo que los sectores populares podían aspirar. Cualquier rumbo que implicara salir del consenso de Washington era tildado de irreal, absurdo, impracticable, imposible o setentista.

Frente a este vacío de representación, durante los `90 surgieron nuevas formas de organización popular y se retomaron viejas metodologías. En 1991 nacía la CTA (primero Congreso, luego Central de los Trabajadores Argentinos), y tiempo después el MTA (Movimiento de Trabajadores Argentinos). La Marcha federal de  julio de 1994 y el paro general de agosto de ese mismo año comenzaron a delinear el nacimiento de un nuevo conglomerado que sería el motor de la resistencia. En 1996 comienzan a surgir de manera organizada los primeros agrupamientos de desocupados (Movimientos de Trabajadores Desocupados) y para 1997 las protestas sociales se multiplicaban por miles.

El modelo, que aun conservaba respaldo en las urnas –De la Rúa ganó cómodamente las elecciones de 1999 en clara continuidad con las políticas del FMI- comenzaba a encontrar obstáculos en las calles y el clima social empezaba a ser una olla a presión.

La represión pasó a ser un componente esencial en la respuesta del Estado y los muertos y heridos de gravedad en protestas sociales comenzaron a ser moneda corriente. De hecho, Fernando de la Rúa a solo 7 días de asumir ya tenía las dos primeras víctimas de la represión a manos de Gendarmería Nacional. Francisco Escobar y Mauro Ojeda cayeron en el puente que une Corrientes con Resistencia y tenían un denominador común con casi todos los asesinados por la represión de esos años: eran jóvenes y humildes.

Los resultados de 25 años de políticas neoliberales estaban a la vista de todos. La desocupación alcanzó el 17,4%, la subocupación el 19%. La pobreza el 56% y la indigencia alrededor del 20%. La deuda externa trepó a 170 mil millones de dólares y los servicios llegaban al 5% del PBI. En palabras de la CTA, asistíamos a un genocidio social por planificación de la desigualdad.

En ese contexto solo faltaba una chispa para que el modelo volara por los aires. El corralito, instalado en simultáneo con la fuga de miles de millones de dólares al exterior provocó la ira de los sectores medios y la desaparición del escaso circulante que sostenía al 75% de la población desocupada, sub-ocupada o empleada en negro desató una desesperación generalizada.

El paro nacional del 13 de diciembre de 2001 mostró la punta del iceberg. Millones de argentinos salieron a las calles y aparecieron los primeros cacerolazos. La cercanía de las fiestas empeoró aun más los ánimos sociales y los supermercados de todo el país fueron rodeados por los desocupados.

Entre ese paro nacional y la huída en helicóptero, 3 millones de argentinos votaron en la consulta nacional del FRENAPO (Frente Nacional contra la Pobreza). Así cuando De la Rúa anunciaba el estado de sitio, las cartas ya estaban echadas y no había otra posibilidad que la renuncia.

Las jornadas del 19 y 20 de diciembre constituyeron el punto en el cual los sectores populares mediante la acción política directa pusieron fin a un gobierno y de esa manera obstaculizaron la profundización del neoliberalismo.

Los medios hegemónicos y la intelectualidad del establishment intentaron (con algún éxito) instalar algunos conceptos respecto del 19 y 20 de diciembre para sacarle relevancia al movimiento popular en su capacidad de incidir en la política. Qué el 20 de diciembre fue por el corralito y los sectores medios enojados porque les confiscaron sus ahorros, es la tesis más sostenida. La movilización popular fue producto de “el duhaldismo” de la provincia de Buenos Aires y que en realidad el final estuvo dado porque “los gobernadores y el PJ no acudieron en su ayuda”.

Sin restar importancia a los factores superestructurales y las contradicciones en el seno del empresariado (reflejados de manera excepcional en “El palacio y la Calle” de Miguel Bonasso), ni la contribución que hicieron los ahorristas indignados, debemos rastrear el 20 de diciembre de 2001 en la acumulación de cientos de miles de episodios de resistencia y microresistencia que se sucedieron desde el mismo 2 de abril de 1976. Indagar en el Santiagueñazo del 16 y 17 de diciembre de 1993 y en los piquetes de Cutral Có de 1996.

Se inscribe a su vez en la historia de las revueltas populares, de la semana trágica, del 17 de octubre y del cordobazo en las cuales el pueblo rompió el cerco de la institucionalidad antipopular para expresar un programa reivindicatorio.

Quienes hicieron posible ese 19 y 20 salieron con una olla al centro porteño. Otros saquearon un supermercado, los ahorristas golpearon los bancos, los desocupados cortaron rutas y los miles de pibes que se enfrentaron a la policía en Plaza de Mayo, tenían claro, cada uno a su modo, qué querían. Pan, trabajo, soberanía nacional, justicia, protección estatal, salud, vivienda y un gobierno que gobernara para todos los argentinos y no para los grupos concentrados de la economía.

La revuelta popular tuvo también sus marcados límites respecto de la salida política a la crisis. La heterogeneidad, fragmentación y dispersión de intereses y actores, imposibilitó la construcción de una salida popular. Finalmente el sector más fuerte en disputa fue quien emergió con el poder político-económico necesario para sostener la institucionalidad.

El 10 de diciembre pasado, Cristina Fernández de Kirchner asumió su segundo mandato, completando 8 años y medio de proyecto nacional en el gobierno. Si se analiza una por una las medidas, los logros alcanzados en tan poco tiempo marcan a las claras el potencial del país y la región para crecer, generar empleo, distribuir riquezas, autogobernarse y marcar su propio camino.

Es imposible no preguntarse qué sería de nuestro país si no se hubiera interrumpido la soberanía y el desarrollo nacional con el golpe de 1976. Es imposible no apreciar que la mayor distancia entre los países desarrollados y los que estamos en vías de serlo se produjo en las décadas de los ´80 y ´90 , cuando las políticas dictadas por esos mismos países y llevadas adelante por los “lamebotas” locales desarticularon cualquier atisbo de proyecto nacional.

El 20 de diciembre supimos trágicamente lo que ya no queríamos, y el 25 de mayo de 2003, empezamos a concretar los sueños postergados. Y fue un hombre formado en las luchas de otra resistencia, la de los 60 y 70, el que supo encarnar las expectativas de todo un pueblo y recuperar paso a paso la dignidad y la soberanía nacional.

La historia nos regaló a los más jóvenes nuestro propio 17 de octubre y nuestro propio Perón. Nos puso a tirar piedras contra de la Rúa y a construir con Néstor Kirchner la patria que soñamos.

COMENTARIOS (1)

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Desde fuera de la comunidad econf3mica no se nediente bien cf3mo estos modelos estoce1sticos de equilibrio general han llegado a tener tanta influencia en la economeda como disciplina (economics). A cualquier ingeniero o fedsico la basta un primer vistazo para ver lo que son: un juguete extremadamente ingenuo (Los mateme1ticos son ingenuos por naturaleza. Solo les importa la consistencia mateme1tica no es uso, el significado que se intente dar a esa mateme1tica). No es importante que sus ecuaciones este9n trivialmente bien encajadas porque estas ecuaciones no se refieren a ninguna magnitud econf3mica real. El consumo, el ahorro, el empleo, el crecimiento econf3mico o la inversif3n que aparecen en esos modelos solo son ficciones contables sin relacif3n alguna con la economeda. Estos modelos no tratan de reflejar los fenf3menos econf3micos sino que sirven para revestir de respetabilidad esa patraf1a que forma el punto de vista oficial y que justifica la estructura de poder en el mundo.(Como muestra humoredstica de hasta que9 punto son tontos estos modelos, basta ver que el juguete dine1mico que usa el Banco Central del Euro para modelizar la economeda europea este1 formado por interaccif3n entre tres engranajes: los consumidores, las empresas y el regulador monetario. En el intento de reflejar el funcionamiento de una economeda que directa o indirectamente este1 estatalizada en un 85%, curiosamente, no se incluyen a los estados y horripilantes engendros destructores de riqueza como “Airbus†son consideradas “empresas†“empresas en busca de un beneficioâ€)No estoy de acuerdo con esa clasificacif3n en tres grupos contendreda todas los puntos de vista sobre esta “crisisâ€. Hay quien, como yo, piensa que la situacif3n es mucho me1s severa, mucho me1s fundamental y no este1 embridada ni es administrable.Es fe1cil verlo si uno es un profano y no ve la economeda a trave9s del prejuicio keynesiano o a trave9s de la “representacif3n contable†de la economeda.Que habeda una burbuja inmobiliaria era algo palpablemente evidente y que esa burbuja era insostenible y colapsareda era algo tambie9n evidente para cualquier ciudadano de a pie9. Sin embargo la burbuja inmobiliaria es anecdf3tica aqued. Fue solo el intento desesperado (y deliberado), el faltimo posible, de prolongar un poco me1s el funcionamiento de un mecanismo que lleva destruyendo la riqueza del mundo desde hace, al menos, 30 af1os.Ni el estallido de la burbuja, ni la propia burbuja inmobiliaria han causado la destruccif3n de riqueza que nos empuja a esta profunda y larga depresif3n econf3mica que ahora comienza. Solo han supuesto el fin del espejismo, la caedda del velo que ocultaba (y afan oculta para algunos) la realidad econf3mica que se escondeda tras la “bonanza†econf3mica de los faltimos 30 af1os. Ahora podemos ver que somos pobres, que la economeda lleva contraye9ndose cada af1o, todos los af1os, en los faltimos 30 af1os, que llevamos una generacif3n y media descapitalizando y consumiendo el ahorro que habedamos heredado.La depresif3n sere1 larga (25 af1os) y profunda en el mejor de los casos (y dudo mucho que haya tanta suerte) porque requiere reconstruir, desde cero, el ahorro del mundo, un ahorro que es imprescindible para financiar el desarrollo del mundo y que hoy es inexistente. (Y no, el “ahorro†sintetizado por los bancos centrales no servire1. Y no, tampoco servire1 reconstruir con papel del valor de papel de los pasivos financieros del sistema).Todo ahorro existente en el mundo, toda posible fuente de financiacif3n, es solo una ficcif3n contable. Comenzar a pensar en cf3mo salir de esta depresif3n, la mayor en la historia econf3mica de la humanidad, requiere ver este hecho elemental aunque difedcil de ver si no se desecha por completo el modelo contable al uso de la economeda.

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