BREVES
Causa Noble: "La resolución de Bergesio es inentendibe"
Así lo expresó a P&M el abogado de la familia Lanoscou, Pablo Llonto, respecto del pronunciamiento del magistrado, quien, luego de enviar las muestras al Banco Nacional de Datos Genéticos, resolvió que se debía cumplir con la ley que ordena que eso se realice. Según Llonto, "la táctica de los abogados de Noble, con el guiño del juez, es dejar pasar el tiempo porque si ella muriera, ya no quedarían culpables".
Revista #4 Abril 2007 > Internacional
Irán en la mira
Preocupación nuclear. Para los Estados Unidos Irán significa un obstáculo para el cumplimiento de sus objetivos en Oriente Medio. La democratización y el poder de su gran aliado Israel, están en juego. La cuestión nuclear plantea inconvenientes políticos que van más allá de la paz y la seguridad mundial para los Estados Unidos.
Por Diego Otondo
Estados Unidos y la llamada Comunidad Internacional aducen constantemente su preocupación por la paz y la seguridad mundial, responsabilizando y combatiendo al terrorismo global y negando la posibilidad de que Irán adquiera armamento nuclear. El delicado tema, se encuentra desde hace tiempo en el gran teatro de la diplomacia mundial llamado Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, lo que no descarta de ninguna manera un ataque armado invocando el artículo 42 de la Carta de Naciones Unidas sobre el país persa, teniendo en cuenta también la unilateralidad norteamericana (o multilateralismo a la carta) y su poder para vetar las resoluciones que de allí emanan.
Como telón de fondo, la cuestión nuclear iraní plantea, al menos, tres obstáculos para los Estados Unidos: el proyecto del “Gran Medio Oriente” y su suerte, propugnado por la Casa Blanca para democratizar la zona; terminar con un régimen iraní que tiene sus raíces en 1979 con la Revolución Islámica del ayatollah Khomeini; y no comprometer el poder israelí que Washington ha alimentado con fervor desde 1967 en la Guerra de los Seis Días con un acérrimo enemigo que ni siquiera lo reconoce como Estado. Dichos puntos están lejos de considerar lo nuclear en sí mismo como problema sustancial respondiendo, en cambio, –en palabras de Condoleezza Rice- a la necesidad de construir un enemigo que reemplace a la Unión Soviética en los “cómodos” años de la Guerra Fría e impedir el avance regional de Irán
La democratización como fundamento de la paz y por decantación del poder de influencia de Washington en la zona, es el primer punto que juega sus más oscuras cartas en la invasión a Irak luego de los atentados del 11 de septiembre llenando de esta manera el vacío de poder que produjo el derrumbe soviético. Irán, en este sentido, alimenta el estigma norteamericano pero también la incertidumbre política dejando en claro que las soluciones y los objetivos de los Estados Unidos lejos están de cumplirse. La preponderancia norteamericana se encuentra en una delicada situación política teniendo en cuenta que se estimula el privilegio militar como eje fundamental de su política exterior, dejando innumerables factores de lado que influyen en el desastre irakí, como por ejemplo, su creciente resistencia subyacente en un nacionalismo en ascenso.
El llamado “eje del mal” que tiene en sus filas a Irán, Irak y al que se han sumado, entre otros, Siria como aliado del régimen iraní, y que según mandatarios israelíes y la propia Condoleezza Rice, más la “Ley de Responsabilidad Siria y soberanía libanesa” promulgada por el Congreso norteamericano para sancionar económica y diplomáticamente a ese país, posee una conexión con el terrorismo mediante el amparo a dichos grupos. La “solución” con fundamentos democráticos a los que se suma el mercado y sus “beneficios”, implica la destrucción total del enemigo (terrorismo global y local) y la influencia política en estados a los que Washington establece como satélites de sus intereses desde fines de la Segunda Guerra Mundial y con el fin en Oriente Medio de imponer fuerzas unidireccionales.
Las últimas declaraciones del presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, advierten que si Estados Unidos ataca a Irán el conflicto se extenderá hacia Israel e Irak. A ello deben sumarse los dichos del Líder Espiritual, Alí Jamenei, de transferencia de tecnología y conocimientos que conciernen la actividad nuclear a otros países. El panorama, desde Israel hasta Arabia Saudita, suscita temor en la medida que nazca un poder que desequilibre las fuerzas en Oriente Medio. El poder de policía y la protección que ejerce el Estado de Israel - país que posee el ejército más poderoso de la región- está en juego. La democracia de mercado y la influencia corren peligro de la mano de un Estado como Irán considerado clave geopolíticamente en la región.
Por ello, Israel, en este contexto, es uno de los pilares fundamentales de Estados Unidos en la región, considerado como una ventaja estratégica y un instrumento de la política exterior norteamericana. Tanto, uno como otro, por ejemplo, fueron los responsables de terminar con el germen nacionalista árabe, instaurado por el Egipto del coronel Nasser en Medio Oriente, allá por los años ‘50. Y, precisamente, aquel nacionalismo que se derrumbó definitivamente en la Guerra del Golfo, asume, hoy por hoy, considerable protagonismo en Irak y en las proposiciones iraníes.
La diferencia fundamental, con respecto a la invasión a Irak, es la legitimidad que Estados Unidos tiene en el caso Irán. Las voces al unísono reclaman que el régimen iraní detenga su plan nuclear. La Unión Europea se muestra renuente a que un país no democrático ni occidental y, por lo tanto, desconfiable, se encuentre en las mismas condiciones que sus miembros nucleares. De aquí en más –como lo ha demostrado la brecha que separa las actitudes de Washington con las de Francia o la Alemania pre – Merkel y sus tonos idealistas- el interrogante se refiere a los medios o los métodos que se utilizará para frenar la escalada iraní.
La búsqueda del empate
La aventura norteamericana en tierras persas sostuvo la armonía que sólo pueden dar los aliados acérrimos. La monarquía del Sha Reza Palevi tuvo dichas virtudes hasta que el Islam irrumpió con fervor a través del clero shiíta en la llamada Revolución Islámica a finales de 1978, dejando a un costado tanto el occidentalismo como el comunismo soviético. Pero fueron precisamente en los años felices que Irán, de la mano de la Casa Blanca, dio comienzo a su plan nuclear adquiriendo armamento vendido por aquellos que hoy ponen el grito en el cielo. Irán pertenece de alguna manera a la vasta lista de aliados que de pronto traspasan la delgada línea roja y se convierten en demonios y enemigos.
La Revolución Islámica pertenece a uno de los escollos que Washington no estuvo ni está dispuesto a tolerar. Los objetivos políticos iraníes, desde hace más 27 años, están concentrados en mantener al régimen y consolidar su posición regional como potencia. La intensificación de la retórica por parte del presidente Mahmoud Ahmadinejad se comprende en este contexto. La opción política se circunscribe en términos de ser o no un privilegiado del llamado “club nuclear”, sabiendo de ante mano que las soluciones poco tienen que ver con enriquecer o no uranio, pero sí de cambiar la orientación ideológica de quienes detentan semejante aventura con armas que comprenden la intromisión política en su país o con herramientas económicas como el bloqueo.
Por supuesto, la espiral de violencia retórica, tanto de un lado como de otro, irrumpe sin dudas desde que Washington comenzó a jugar al “cazador de dictadores”, entre los que se consideraba a Sadam Husein como la sucursal de Satanás en la tierra. De allí en más, los enemigos, a los que hace poco sacaron de la lista del “eje del mal” a Corea del Norte, intensificaron su conducta, y sin paliativos suscribieron su programa militar al nuclear. El actual objetivo nuclear es de aquellos que advierten de manera obvia la hipócrita fachada que significa el Consejo de Seguridad –instancia para evaluar la seguridad y la paz mundial y su peligro- compuesto por países (los 5 miembros permanentes) que poseen armas nucleares.
Consecuentemente, la invocación del Tratado de No Proliferación Nuclear, firmado en 1970, trata de mantener el status quo del equilibrio nuclear que hace tiempo se ha salido de sus carriles. Son varios los países que han adquirido armamento nuclear. Algunos de ellos son aliados de los Estados Unidos, como Pakistán (cuyo gobierno proviene de un golpe militar perpetrado en 1999) e Israel. China, por su parte, es considerada la amenaza potencial en un futuro no muy lejano, y pone freno junto a Rusia con el poder de veto en el Consejo de Seguridad a una posible sanción a Irán que pudiera surgir.
El gran ejemplo de disuasión nuclear, en la actualidad, ha sido provisto por el régimen coreano que, luego de confrontar y desobedecer cualquier directiva llegada desde Washington o de la ONU, comprendió que no se convertiría hasta el momento en un Irak que, desprovisto de armas de destrucción masiva o bombas nucleares, fue arrasado. Recientemente, la desactivación del proyecto nuclear coreano tuvo sus ventajas: quita del bloqueo económico por parte de los Estados Unidos y borrón y cuenta nueva con respecto a la lista de enemigos. De todas maneras la posición unilateral de la administración Bush promueve el arsenal nuclear como prevención de aquellos regímenes que están bajo la lupa norteamericana. Teherán –al que hay que sumar a Rusia- comprende, y con derecho, dicha lección, y mediante la implementación de una política nuclear trata de enfriar los intentos de suprimir su régimen islámico por la democracia occidental estadounidense.
Los momentos actuales están construyendo un mundo provisto de gran arsenal y una gran lucha por conseguirlo, lo que implica nuevos competidores en el mercado de armas. Las reacciones norteamericanas, justificadas con argumentos extremos (la utilización de la tortura y la destrucción total del enemigo), llevan a cabo todos los condimentos para la creación de nuevos y numerosos enemigos. La supremacía militar estadounidense superior a cualquier desafío, invita a la competencia militar de quienes ven en la actitud bushiana un peligro para su soberanía. Hasta aquí el remedio que se intenta imponer tiene como resultante la generación de más enfermedades.
COMENTARIOS (1)
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