BREVES
Causa Noble: "La resolución de Bergesio es inentendibe"
Así lo expresó a P&M el abogado de la familia Lanoscou, Pablo Llonto, respecto del pronunciamiento del magistrado, quien, luego de enviar las muestras al Banco Nacional de Datos Genéticos, resolvió que se debía cumplir con la ley que ordena que eso se realice. Según Llonto, "la táctica de los abogados de Noble, con el guiño del juez, es dejar pasar el tiempo porque si ella muriera, ya no quedarían culpables".
Revista #19 Junio 2008 > Internacional
Irán, el nacimiento de una paradoja
El tiempo transcurre y las posibilidades para Irán de adquirir armamento nuclear crecen. Israel está impaciente y los Estados Unidos parecen haber descartado por el momento una guerra contra Irán. El armamento nuclear plantea serias dudas sobre la futura hegemonía de Israel en Oriente Medio.
Por Diego Otondo
La persistencia del tiempo es un enemigo acérrimo de aquellos que juegan en el tablero de Oriente Medio. Si el reloj sigue corriendo Irán concluirá su misión nuclear, tenga el Estado persa intenciones pacíficas o no. Y esto lo saben los funcionarios norteamericanos y sus correligionarios israelíes. Por lo tanto, las opciones, al menos discursivas, conducen a un solo camino: la derrota militar de Irán, aún con el riesgo de multiplicar las consecuencias como lo han demostrado los escenarios bélicos en Irak, Pakistán y Afganistán.
Las posibilidades de una guerra que involucre a Irán son un deseo que muchos anhelan para terminar de una vez por todas con el problema. Las propuestas están sobre la mesa. El primer ministro israelí Ehud Olmert aseguró que hay que vencer la amenaza. Si el reloj sigue corriendo, el tiempo favorece y favorecerá a Irán, tal es la premisa dominante manejada por el entorno presidencial norteamericano y sus pares israelíes. Por otro lado, se acaba el tiempo de la administración Bush y esto a Israel le puede llegar a costar la configuración de un nuevo escenario ajeno a sus intereses más inmediatos.
El problema sabido y reconocido es que los Estados Unidos no pueden “resolver” la cuestión iraní con otra guerra que se convierta en una pesada carga. Habría un efecto multiplicador, tal como ocurre en Irak. Para ello cuenta con Israel que mostró que en el Líbano se podía extender la lucha contra el terrorismo para continuar con la política unilateral que Ariel Sharon puso de manifiesto en Gaza y Cisjordania como un aviso previo e indirecto al gobierno de Mahmud Ahmadinejad. Israel quiere hacer valer su condición, cada vez más, para intentar retrasar el enriquecimiento de uranio.
Pero el problema se suscita no tanto en la represalia que Irán pueda tomar en caso de un ataque, sino en el efecto multiplicador, en la iraquización del enfrentamiento. Las hipótesis que se manejaron en 2007 en los Estados Unidos para bombardear Irán y poner fin al actual gobierno están llegando a su hora final. George Bush estaba convencido, y aún lo sigue estando, de que Irán conseguirá tarde o temprano la bomba.
Del ser al querer ser
El sociólogo francés Olivier Roy expresó que la mayoría de los países en Oriente Medio son prooccidentales. Entonces cabe preguntarse cuál es el problema que Irán plantea. El historiador militar israelí “Martin van Creveld,- cuenta Noam Chomsky-, después de que Estados Unidos invadiera Irak, sabiendo que este país estaba sin defensa, afirmó: ‘Si los iraníes no intentaran fabricar armas nucleares, estarían locos’.”
La presencia constante del protagonismo norteamericano y europeo en Oriente Medio retroalimenta la perspectiva nuclear, le da sustento y justificación. El gobierno iraní lo sabe, y rodeado de vecinos que están adquiriendo armamento redobla la apuesta. Por ejemplo Francia ya ha firmado un contrato en Emiratos Árabes para la creación de un reactor de energía nuclear por unos 4000 millones de euros. Arabia Saudita también se sumó a la militarización: “72 cazas Eurofighter Typhoon que negoció para 2006 la empresa británica BAE Systems ascendían a 15.000 millones de euros” según Stuart Reigeluth en su artículo “Oriente en armas” de la revista Foreign Policy.
La Casa Blanca proporcionó y estimuló el panorama con 20 mil millones de dólares que entregó a sus amigos para que la seguridad y el orden militar prevaleciera por sobre el resto. Pero ello corresponde a un orden internacional que cada vez más se mueve con menos previsibilidad. A la relación entre Estados se sumó el terrorismo global como un actor, uno de cuyos objetivos políticos es desestabilizar Oriente Medio para contrarrestar la influencia norteamericana.
Irán acentúa su preeminencia nuclear de manera proporcional a aquellas ayudas que Estados Unidos provee a sus aliados y de la política que lleva a cabo en la región. Lo que Al Qaeda comenzó en el famoso 11 de septiembre lo continuó George Bush en Irak y lo sigue Irán que, a río revuelto, intenta obtener alguna ganancia, no ya para que su influencia sea una realidad en una zona que le juega en contra, sino para perpetuar su régimen teocrático.
El perro guardián
En este contexto, el problema nuclear tiene varios interrogantes. Estados Unidos no quiere que una nación peligrosa adquiera la bomba nuclear. Pero esto tiene algunos ribetes y uno de ellos es una paradoja. El sociólogo e historiador Raymond Aron escribió en el contexto de la Guerra Fría que “los detentores de dispositivos termonucleares se han mostrado cada vez más prudentes a medida que adquirían una mayor capacidad de destrucción”. Tal es la enseñanza que Hiroshima y Nagasaki dejaron a la humanidad entera.
Por ello es el futuro de Israel como guardián nuclear de la región lo que parece estar en juego luego de que su victoria en 1967 durante la Guerra de los Seis Días marcara el rumbo de su papel en la región. Israel cuenta en la actualidad con 200 cabezas nucleares y un rumbo político incierto en medio de la acusación de corrupción a Ehud Olmert, su manejo en la segunda guerra del Líbano y su enfrentamiento con Hamás y el proceso de paz. Es el poder de disuadir al otro lo que tiene, hoy, un competidor que está naciendo. Es decir, hay que dar el primer golpe, pues más tarde será inútil el enfrentamiento nuclear y las fuerzas se anularán, supuestamente.
Por lo tanto el “problema iraní” es para algunos, como Elizabeth Cheney hija del vicepresidente de los Estados Unidos Dick Cheney, un juego de suma cero, es decir, que si pierde Irán gana la Casa Blanca o viceversa. Al respecto, los demás problemas que afronta Israel – y por antonomasia la administración Bush - como Hamás y Hezbollah o las negociaciones con Siria por los Altos del Golán no son considerados así, pues el juego propuesto es la defensa como eje conductor político israelí. La hija de Cheney ante el Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel (AIPAC por sus siglas en inglés) hizo las consideraciones del caso y comentó que "cuando nos centramos en este tipo de acuerdo (negociaciones entre palestinos e israelíes), no tenemos tiempo para concentrarnos en Irán".
Sin embargo, desde el influyente diario israelí Haaretz la posición norteamericana es considerada suave, estancada en la diplomacia. “A los norteamericanos les importa más el precio de la gasolina que las ambiciones nucleares de Irán”, relata Aluf Benn en su columna de opinión. El contexto de las palabras indica que necesitan la luz verde de Washington para terminar con las ambiciones iraníes, de la misma manera que lo hicieron con un reactor nuclear de Siria en septiembre de 2007, dotada de tecnología proveniente de Corea del Norte.
La intención de derrocar al régimen iraní mediante los lazos que la Iran Freedom and Support Act mantiene con el hijo del Sha derrocado, Reza Pahlevi, está en la mesa como posibilidad pero el tiempo, como sugiere la hija de Cheney, no se negocia. Siendo Irán un Estado teocrático, el 11 de septiembre marcó, según la teología bushiana, que el Islam radical –expresión confusa- y sus adeptos son un enemigo en común. La intención de los Estados Unidos es, por supuesto, restaurar la monarquía que cayó en 1979 luego de la Revolución Islámica, pero las opciones de un frente militar para ello no parecen viables.
Según Seymour M. Hersh, periodista del New Yorker, citando a un asesor del Pentágono “la Casa Blanca cree que el único modo de resolver el problema es modificar la estructura de poder en Irán, y eso significa la guerra.” El peligro, continúa, “es que al mismo tiempo, esta opinión refuerza la creencia de los iraníes de que el único modo de defender su país es disponer de capacidad nuclear.” Los efectos multiplicadores que desestabilizasen la región podrían potenciar los riesgos. Zbigniew Brzezinski, ex consejero del presidente estadounidense Jimmy Carter, expresó que Irán probablemente reaccionaría ante un ataque estadounidense “intensificando el conflicto en Iraq y también en Afganistán, y que involucraría a Pakistán. Nos veremos atascados en una guerra regional durante veinte años”, cuenta Hersh.
La aguja sigue corriendo
Los meses siguientes, por lo tanto, serán un cambio en las continuidades. La lucha entre demócratas y republicanos dará un resultado que para Israel significa y significará, según el termómetro político actual, cuál será el camino a tomar. Si Barack Obama gana ya se puede leer que en Israel la tendencia de derecha evalúa la situación como problemática. La fuerza quizás no sea la opción más plausible para el candidato demócrata como lo puede ser para el republicano John Mac Cain.
El resultado de las elecciones norteamericanas trae aparejada la disyuntiva de cuánto puede tardar Israel en deshacerse de la amenaza iraní. Está en juego el ataque por anticipado. Israel no querrá ser disuadido y ser inactivo en el escenario político de la región. Así planteadas las cosas el mes de noviembre significaría un punto de inflexión de acuerdo a lo que arrojen las urnas.
Las perspectivas se amplían para una intervención israelí porque es, para ellos, un juego en el cual el ataque preventivo significaría una victoria. El ataque posterior al nacimiento de la bomba se presume de la siguiente manera: dos actores nucleares – en palabras de Aron- “estarían tanto más inclinados a atacar por anticipado cuanto más clara conciencia tuvieran de la inferioridad del castigo en relación al crimen”. Es decir, que cuando el crimen iguala al castigo se excluye la extensión de conflictos secundarios y hace menos probable un apocalipsis.
De esta manera, Israel quedaría potencialmente anulado en sus incursiones regionales y estaría a prueba su hegemonía, más allá del apoyo de Occidente, quedando reducido a conformarse con el conflicto que mantiene con Palestina. El paso siguiente podría conformar un escenario que incluya a Hamás, Hezbollah y Siria, que conformarían una tríada con la solvencia iraní.
Todo el juego del conflicto permanente que Israel hace valer estaría nuclearmente puesto en dudas. Por ello Olmert ve con incredulidad la puesta en escena de sanciones económicas o de negociaciones diplomáticas. Por esta razón, el analista Paul Rogers sugiere que en los meses siguientes será determinante el papel del gobierno Israelí que quiere anticiparse a las elecciones para que una victoria demócrata no sea un escollo en su camino.
El acercamiento
Las cuestiones inherentes a un sistema internacional cuyo desorden es prolífico también tiene entre sus características el nacimiento de poderes regionales cuya ambición nuclear es protagonista. Aunque la paradoja nuclear sea una posibilidad, los tiempos de la Guerra Fría y su orden han terminado pasando a una multipolaridad para nada clara.
De todos modos, la última de las cuestiones importantes en el naciente panorama de Oriente Medio, en el ascenso de Irán como potencia nuclear, además de la anulación de la confrontación absoluta, es la posibilidad de establecer un acercamiento, pues el suicidio mutuo queda descartado. Aunque parece imposible un diálogo fluido entre Israel y Teherán, la presencia nuclear ampliaría la gama de acuerdos potenciales.
En la contienda bipolar tanto Estados Unidos como la ex Unión Soviética al ser potencias nucleares tuvieron que encontrar puntos en común en medio de la divergencia. Se calculaba que ambos tenían la posibilidad de acuerdo a sus arsenales a destruir la población mundial 11 veces. Uno de los puntos en común, en virtud del potencial destructor, fue avanzar en la limitación de armamento nuclear en lo que el ex presidente Ronald Reagan hizo llamar “Iniciativa de Defensa Estratégica”.
Aunque Bush haya aclarado que las intenciones de Irán son “asesinas” el problema en Oriente Medio es una cuestión de orden, de prioridades y de influencias, tal es el caso de exportar la democracia y la creación de un Gran Oriente Medio.
En resumidas cuentas, Irán y su nacimiento como potencia nuclear plantea importantes cuestiones relacionadas a un nuevo orden en Oriente Medio y un freno a la hegemonía israelí. El armamento nuclear plantea la disciplina por parte de los actores, y esto puede llegar a ser para Israel un cambio de rumbo incluso en su manera de tratar el conflicto que mantiene con Palestina. Por ello el mayor enemigo para Olmert y los suyos, hoy, es el reloj, y caer inevitablemente en un panorama paradójico.
Bajo tierra
El problema para los Estados Unidos, más allá de la diseminación del conflicto y su ampliación, radica en que Irán ha desplegado sus plantas nucleares por todo el país y bajo suelo. Se calcula, por ejemplo, que la planta de centrifugado de Natanz se encuentra a 23 metros bajo tierra y cuenta con 50 mil centrifugadoras que podrían proveer de 20 cabezas nucleares por año. Por lo tanto, como cuenta Seymour M. Hersh en su artículo ¿Irá a la guerra el presidente Bush para impedir que Teherán consiga el arma nuclear?, la posibilidad de bombardear a Irán transitaría caminos más extremos que implican la utilización de armamento no convencional. Las razones y los análisis previos son tan complejos como la situación posterior al desembarco en tierras persas.
Irak, su legado y la encrucijada
El problema que plantea una guerra con Irán tiene dos vertientes: primero Irak y todo lo que significó, desde la mentira de las armas nucleares de Saddam Hussein, pasando por la expansión del conflicto que involucra a Irán y la comunidad chiíata y el desastre en sí mismo. La segunda en consecuencia con la primera es la espiral de violencia que pueda surgir. Se puede presumir que los conflictos locales pasen, según la visión norteamericana, a formar parte del campo de batalla, lo que para Israel y teniendo en cuenta su “derrota” en Líbano, puede llegar a ser un gran dolor de cabeza. En este contexto, el nacimiento de un Irán nuclear, plantea una encrucijada, sea antes del ataque o después.
COMENTARIOS (1)
Leer todos los comentariosXoSqSnZlkLLj
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