BREVES
Causa Noble: "La resolución de Bergesio es inentendibe"
Así lo expresó a P&M el abogado de la familia Lanoscou, Pablo Llonto, respecto del pronunciamiento del magistrado, quien, luego de enviar las muestras al Banco Nacional de Datos Genéticos, resolvió que se debía cumplir con la ley que ordena que eso se realice. Según Llonto, "la táctica de los abogados de Noble, con el guiño del juez, es dejar pasar el tiempo porque si ella muriera, ya no quedarían culpables".
Revista #24 Febrero 2009 > Internacional
Estado de guerra o la supresión política
Gaza, Estados Unidos e Israel
Por Diego Otondo
El filósofo Jacques Derrida dijo en referencia a la guerra contra el terrorismo que “trabajan para regenerar, a corto o largo plazo, las causas del mal que pretenden exterminar”. La creencia, en este sentido, indica que la realidad puede cambiarse mediante el asalto de las fuerzas armadas a Gaza para exterminar al enemigo y así negociar acuerdos más favorables. Sin tapujos Israel lo hace basado en un viejo axioma reforzado luego de que George Bush hijo emprendiera su Doctrina de Seguridad Nacional post 11-S: la muerte, personificada en Hamás o quien sea considerado terrorista, significa el fin. Pero también ignorando al pueblo palestino en decisiones trascendentales para su vida política siguiendo el camino de la toma de decisiones de manera unilateral.
El empujón
El 25 de enero de 2006 la población palestina cometió el desatino de votar en elecciones libres a Hamás quedando Al Fatah derrotado y debilitado. Fue el momento propicio para iniciar maniobras de desgaste. Estados Unidos e Israel, montaron sus esfuerzos para alimentar una guerra civil palestina entre las milicias de Hamás y Al Fatah. Al Fatah tenía como misión derrocar al gobierno de Hamás en Gaza, misión extendida también por el presidente Bush a la ex secretaria de Estado norteamericana Condoleezza Rice y al Diputado Asesor para la Seguridad Nacional Elliot Abrams. Precisamente en esos momentos Hamás suscribía y mantenía el alto el fuego desde febrero de 2005.
Aquellos momentos postelectorales tuvieron una resultante obvia: Hamás que no reconoce a Israel como Estado y que pide el retiro de los territorios ocupados en 1967 (Franja de Gaza, Cisjordania y Jerusalén) endureció su postura. Por otro lado, Hamás no fue incluido -de acuerdo a la categoría de grupo terrorista en los cánones norteamericanos, israelíes y europeos- en ninguna negociación de paz, como por ejemplo los acuerdos de Anápolis celebrados en noviembre de 2007. Algunos, como el ex asesor de Jimmy Carter Zbigniew Brzezinski, opinaron e hicieron llegar sus recomendaciones a Bush y Rice para que Hamás no sea marginado de los procesos políticos. Los oídos sordos de la Casa Blanca e Israel tenían una misión: llevar a Hamas a las armas para poder derrocarlo y terminar con su gobierno elegido democráticamente por la población palestina.
En este contexto, es elocuente el aporte de Khaled Hroub de la Universidad de Cambridge, cuando dice que el objetivo de Israel fue llevar a Hamás a su estado pre - electoral, es decir revivir la militarización del conflicto y empujar al grupo islámico al campo de batalla evitando el compromiso político. De esta manera, como la asimetría domina la escena, Israel pensando en que la guerra es la política por otros medios, continúa su misión redentora y explicita sus objetivos: guerra permanente y desgaste del enemigo para continuar con su tarea escudera en Oriente Medio apoyada por la comunidad internacional que, no obstante, se indigna por la masacre. En la vereda de enfrente la división encuentra en los lugares comunes de la institucionalización moral (ONU) la forma de presentar bajo un velo débil los intereses en juego subyacentes en una estructura de poder que trata de eludirse. Y Palestina, mientras tanto, se encuentra sola.
El estado de guerra permanente y la seguridad que todo lo abarca, impregnaron la visión israelí desoyendo a los países árabes que suscribieron la victoria de Hamás en las elecciones. Arabia Saudita –aliado de Estados Unidos en la región- o Jordania por ejemplo, instaron a que se forme en Palestina un gobierno de unidad entre Hamás y Al Fatah, camino hipotético hacia una armonía de intereses en los acuerdos de La Meca de febrero de 2007. La moderación de un gobierno de unidad significaba, entre otras cosas, una menor injerencia de Irán y Siria en Hamás. Efraim Halevy, jefe del Mosad (servicios secretos israelíes) entre 1998 y 2003 expresó que "todo acuerdo que Abas (Presidente de la Autoridad Nacional Palestina) firme será como un cheque sin cobertura sin la participación de Hamás…”. Hamás, en la mirada de aquellos que ya no están en el poder, debía ser parte de la solución y no del problema.
Detrás de cualquier cortina de humo que signifiquen los misiles Qassam existe la voluntad de hacer caso omiso de los procesos políticos. Henry Siegman de la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior cita palabras del jefe de gabinete de Sharon Dov Weissglas: “Lo que efectivamente acordé con los estadounidenses fue que parte de los asentamientos [los principales bloques de asentamientos en Cisjordania] no se tratarían para nada, y que el resto no se abordaría hasta que los palestinos se convirtiesen en finlandeses… El significado [de nuestro acuerdo con Estados Unidos] es el congelamiento del proceso político. Y cuando congelas ese proceso, evitas el establecimiento de un Estado palestino y evitas una discusión sobre los refugiados, las fronteras y Jerusalén…”
La muerte utópica
Lejos quedó la hipótesis optimista tras la muerte de Yasir Arafat, también considerado terrorista por los Estados Unidos, de que el proceso democrático se iniciaría en Palestina en detrimento de la violencia. La democracia, entendida en un sentido norteamericano-israelí en la región, tiene connotaciones para Palestina que detrás del biombo de la guerra contra el terrorismo significa influencia e eliminación de cualquier tendencia nacionalista reivindicativa. Entonces: ¿qué clase de estado está en juego para Palestina si es que lo está?, y ¿cuáles serán hipotéticamente sus características? Estas preguntas tienen respuestas en la actitud de Ariel Sharon de tomar medidas unilaterales en Gaza sin participación política palestina en el llamado Plan de Desconexión. Lo mismo para el caso de Hamás luego de su victoria electoral. Se trata entonces, de la supresión política de las reivindicaciones históricas y una democracia influenciable y dominada por Israel.
Israel está utilizando el proceso democrático en Palestina en su propio beneficio, como un medio para la solución militar bajo la bandera de la seguridad y la legítima defensa. Gaza al respecto y la tenue diferencia entre civiles y milicianos en el combate, tiene como misión poner a Hamás y sus reivindicaciones en el plano de la obsolescencia, mostrar que la resistencia caduca ante el poder estatal y militar israelí, que la población palestina está equivocada o que son un pueblo derrotado. Siguiendo el mismo camino, el bloqueo propugnado por la Unión Europea, Estados Unidos e Israel propició una situación humanitaria catastrófica a tal punto que el desempleo llegó al 50% y se suspendió en un 95% la actividad industrial.
“El hecho de que Israel retirase su ejército de Gaza e incluso sacara a 8.000 colonos en 2005 no altera la realidad de que Gaza sigue siendo, en la práctica y de acuerdo con las leyes internacionales, territorio ocupado”, escribió Akiva Eldar, columnista político y editorialista del diario israelí Ha'aretz. Desde 2005 las intenciones unilaterales pusieron de manifiesto que los procesos políticos para Palestina siguen siendo disfuncionales de acuerdo a la influencia o no de Israel, a su propia voluntad.
Hay que recordar, como lo explica Stuart Reigeluth coordinador de proyectos para el Programa de África y Oriente Medio en el Centro Internacional de Toledo para la Paz en la revista Foreign Policy, que Israel ante el surgimiento de Hamás en 1987 vio al grupo como un contrapeso para Yasir Arafat. Israel fue quien, en palabras de Reigeluth, “durante años apoyó implícitamente el surgimiento del grupo, en contra de los esfuerzos de Yasir Arafat, a quien el Estado judío rechazó siempre como “socio de paz””. No existe en este contexto ninguna ley internacional u organismo internacional que suponga torcer el rumbo prefigurado por Israel o los Estados Unidos.
Mientras que los líderes de Al Fatah se encuentran encarcelados en Israel y la agrupación debilitada, el golpe sobre Hamás significa el comienzo del fin sobre un posible acuerdo de unidad entre las dos facciones políticas que gobiernan a Palestina, o en todo caso, un gobierno unificado bajo un escenario de completa debilidad. Los ataques presentes en Gaza tienen mucho de común con los proporcionados a Cisjordania en el año 2002, según el analista Paul Rogers. La Fuerzas de Defensas Israelíes concentraron sus ataques, como hoy en Gaza, a la policía palestina y demás fuerzas de seguridad, como así también sobre la infraestructura administrativa que fue destruida. Fueron en los acuerdos de Oslo que prevén la creación de dos Estados, que se dio lugar a la creación de fuerzas de seguridad palestinas. En los acuerdos de Oslo II las fuerzas de seguridad aumentaron a 30 mil hombres que, más tarde, fueron entrenadas por Israel y Washington para derrocar a Hamás.
La muerte de Arafat no devino en la suspensión de las reivindicaciones históricas. Arafat tampoco dejó un vacío de poder que estaba allanado por Israel. Las destrucciones hoy en Gaza y Cisjordania hace ya siete años, pasando también por Líbano y el Hezbollah, además de disparar un mensaje a la región, en particular a Irán y Siria, buscan el desamparo del pueblo palestino y un desgaste que implique generaciones que no puedan recordar qué es lo que pasó en 1948 cuando el Estado de Israel fue fundado. Palestina es un símbolo de vacío y de instituciones estériles gracias al esfuerzo israelí con gobernantes que no tienen Estado para realizar sus funciones; dos gobiernos en territorios que no tienen conexión natural entre sí y cuyos espacios aéreos son controlados por Israel.
Problema de fondo
La retirada de colonos israelíes de Gaza en 2005 no significó la paz, como así tampoco la solución de una cuestión de fondo: la relación entre colonizador y colonizado. Mientras los israelíes se retiraban de Gaza unos 12 mil colonos se preparaban para instalarse en Cisjordania. De esta manera, se recuerdan en el siglo XXI las palabras pronunciadas por David Ben Gurión en 1917 cuando sostuvo que "en un sentido histórico y moral" Palestina era un país "sin habitantes". El sentido político de tal expresión continúa y se niega toda posibilidad a los palestinos de regir sus senderos; se lo trata como a un país con seres invisibles. El cese del fuego, por ejemplo, no involucra a las víctimas palestinas ni a sus dirigentes, sino que es un problema de la alta jerarquía israelí.
Cuando Edward Said expresaba que los palestinos deben encontrar la solución sin injerencia externa observaba que el desarrollo endógeno para una Palestina autónoma no era la intención ni de Israel, ni de Estados Unidos, ni de la llamada comunidad internacional y que todo lo ocurrido estaba bajo una “perspectiva imperial”. Israel como centinela de las grandes potencias en Oriente Medio no significa una Palestina en la cual el desarrollo de un nacionalismo independiente e islámico adquiera un aparato estatal ampliando sus posibilidades de poder. "Preservaremos la unidad de Jerusalén y retendremos los principales asentamientos, Maale Adumim, Gush Etzion y Ariel", afirmó Olmert el 9 de febrero de 2006 haciendo gala de las relaciones colonizador-colonizado.
Gaza, a la luz de los hechos ocurridos -no solamente en los días pasados, sino desde la Guerra de los Seis Días-, tiene su correlación con políticas de ocupación y hoy con preceptos que han surgido luego del 11-S. Bush, Olmert y Sharon siguen los principios de la unilateralidad reforzados desde el ataque a las Torres Gemelas. Ningún corpus de la ley internacional puede reposar en Palestina. Renunciar a las actitudes unilaterales es tener inexorablemente que abrir el abanico político y tener en cuenta las resoluciones internacionales que instan a la convivencia de dos estados. Por ello el conflicto no tiene ninguna raíz religiosa. Es, como dice la socióloga Gema Martín Muñoz, una situación clásica de colonialismo y su resolución, tanto como su problema, es sustancialmente política.
El problema de fondo se tergiversa mostrando a la guerra contra el terrorismo como un “interés de todos”. El desastre en Gaza es, en la visión de las potencias, necesario e inevitable, y ése es el sentido que impregna la escena en tiempos en los cuales Hamás había cambiado su retórica belicista. Así, la violencia como respuesta, los misiles de fabricación casera Qassam disparados hacia Israel, como toda política subyacente, se criminaliza negando a Palestina y castigando a los votantes de Hamás. Es el sentido de la “guerra justa”, como dijo el embajador israelí en Argentina Daniel Gazit.
La “guerra justa” se ampara en definiciones imprecisas sobre qué es el terrorismo. Hamás y Al Qaeda pertenecen en la visión dominante al mismo espectro ideológico o son “entidades coherentes similares”, aunque, sin embargo, tengan proyectos distintos. El contexto de Gaza y de la actitud israelí pertenece al ámbito en el cual la lucha es por la negación política y su sentido. El paraguas de la “guerra mundial contra el terrorismo” sirve como argumento de defensa, pero Israel no pelea contra un proyecto como el de Bin Laden y los suyos, aunque se ampara en él, y Estados Unidos acompaña.
Gaza y Cisjordania hoy son producto de un panorama global intensificado. Es una experiencia en la que las actitudes norteamericanas e israelíes se complementan recíprocamente y aprenden, unas de otras, cómo combatir “amenazas irregulares”. Irak es un escenario en el cual Estados Unidos comparte la experiencia de las Fuerzas de Defensa de Israelíes en sus “guerras urbanas”. Desde las perspectivas descriptas, la violencia presente en las milicias de Hamás no tiene una contrapartida israelí que se fundamente en la defensa de la soberanía. Sí tiene lecturas que comprenden al congelamiento político palestino y una misión redentora que Israel compartió con la administración Bush y que compartirá con Obama. Mientras tanto el pueblo palestino sigue siendo el engranaje de una maquinaria bélica que no tiene voluntad de detenerse.
Objetivos no militares
El ataque a Gaza ha tenido objetivos no militares. Edificios cuya dependencia pertenece a Naciones Unidas, prensa de Hamás, la Escuela Internacional y servicios médicos. Ha sido atacado el campo de refugiados de Jabaliya, por ejemplo. Según la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestina en Oriente Próximo existen en la actualidad 4.3 millones de refugiados palestinos asentados en Jordania, Líbano, República Árabe de Siria, Cisjordania y la Franja de Gaza. En estas zonas, un tercio de los refugiados palestinos vive en 59 campos.
A las urnas
La popularidad en Israel se basa en la seguridad que un gobernante puede dar a sus ciudadanos. Pero no sólo discursivamente. Para su demostración nada mejor que Gaza. El objetivo para el partido Kadima de cara a las elecciones a celebrarse en Israel el 10 febrero, fue demostrar que es posible la victoria militar sobre el terrorismo. También, sepultar los malos recuerdos de la invasión a Líbano en 2006, en la cual el primer Ministro Ehud Olmert quedó mal parado tras una victoria que no fue tal.
COMENTARIOS (2)
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1kGmjK Edidn`t think about that. I'll tell my mother, she won`t believe it..!
el arrecho
esta mierda no sirve para nada
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