BREVES

Causa Noble: "La resolución de Bergesio es inentendibe"

Así lo expresó a P&M el abogado de la familia Lanoscou, Pablo Llonto, respecto del pronunciamiento del magistrado, quien, luego de enviar las muestras al Banco Nacional de Datos Genéticos, resolvió que se debía cumplir con la ley que ordena que eso se realice. Según Llonto, "la táctica de los abogados de Noble, con el guiño del juez, es dejar pasar el tiempo porque si ella muriera, ya no quedarían culpables".

Revista #23 Noviembre 2008 > Internacional

Condenados al éxito

El cambio que Barack Obama mostrará al mundo está relacionado con el diálogo. Estados Unidos seguirá siendo el paladín de la libertad y la exportación de la democracia. El camino emprendido por George Bush será el camino que seguirá Obama. La cuestión es cómo.


Por Diego Otondo

El mundo entero espera de la inminente presidencia de Barack Obama, cambios. En materia interna los norteamericanos votaron a Obama con el bolsillo, como antes lo hicieron con el terror, entregándole el segundo mandato a George Bush. Ser el sucesor de Bush implica toda una gama de cuestiones relativas a un cambio, a la esperanza de un porvenir disociado de la guerra preventiva y la tendencia hacia una mayor democratización mundial. A la idea de un mundo sometido a los cañones de Bush se le confronta otra: la creencia de que sin él la felicidad será inmediata.

Las peticiones y los deseos recorren caminos complejos. Los cambios deseados desde la Unión Europea, Israel, Oriente Medio o Irán requieren renuncias por parte de Estados Unidos. Así, reflotar el papel de Naciones Unidas y el Consejo de Seguridad, la creación de una alianza transatlántica con Europa, el desmantelamiento de los asentamientos construidos por Israel, la retirada de Irak y la pacificación de Afganistán y Pakistán son los asuntos de fondo, los cambios que se sugieren. Todo lo que se pretende de la nueva administración significa para la potencia número uno un repliegue geopolítico, un nuevo camino muy diferente al emprendido por Bush. Significa, nada menos, emprender un camino hacia la paz y no seguir los preceptos de la tríada que incluye la política, la economía y el ejército.

La misión

El escritor norteamericano William Pfaff sostuvo que “insinuar que Estados Unidos no tiene una condición moral única o un papel que desempeñar en la historia de las naciones ni, en consecuencia, en los asuntos del mundo contemporáneo es algo así como una herejía nacional”. El papel redentor de los Estados Unidos no es patrimonio exclusivo de Bush y los suyos. Tiene raíces en la misma edificación de la nación a fines del siglo XVIII y una revalorización especial luego de la Segunda Guerra Mundial. Siguiendo a Pfaff, la idea de universalización de los valores de la libertad y, por consiguiente, una política intervencionista nos lleva hasta el presidente Woodrow Wilson (1913-1921): “El mito nacional se convirtió en una filosofía de intervención internacional, y así ha permanecido”. Wilson creyó en un mandato divino. Según Wilson de ahora en más se debía enseñar “a las naciones del mundo la forma de caminar por los senderos de la libertad”.

El ex secretario de Estado Henry Kissinger, dejó en claro la oportunidad para el próximo presidente de los Estados Unidos: “El próximo presidente tiene la gran oportunidad de estabilizar Irak, así como de sentar las bases de un giro decisivo en la guerra contra el jihadismo y de un Medio Oriente más pacífico”. Las metas de fondo llevan la delantera por sobre las coyunturales, propias de la crisis en que Estados Unidos está inmerso. El fin de todo, según Kissinger, es “un mundo más pacífico y prometedor”.
“Franklin Roosevelt, Harry Truman y John F. Kennedy lograron proteger al pueblo estadounidense” dice Obama en torno a la seguridad y marcando las herencias de su propio camino. Agrega que “se aseguraron de que Estados Unidos, por medio de sus acciones y ejemplo, guiara e inspirara al mundo, de que defendiéramos y lucháramos por las libertades que miles de millones de personas buscaban fuera de nuestras fronteras”. La misión consiste en “dar” la libertad a los condenados de la tierra y el único que tiene el poder y los medios para hacerlo es Estados Unidos.

Obama votó en contra de la invasión a Irak en 2002, aunque el vicepresidente Joseph Biden lo hizo a favor. Pero retirarse de Irak en la retórica de Obama, no significa la vuelta a casa de todas las tropas, sino sólo de cierta cantidad de efectivos. La idea primordial es mantener un número de soldados para garantizar, como siempre, la paz. Incluso la idea del ex senador fue en un momento trasladar al ejército a Kuwait y desde allí monitorear toda la zona. El punto neurálgico es Afganistán y su extensión a Pakistán. En estos dos escenarios bélicos no existe discusión del por qué ni del qué, sino del cómo llevar a cabo la victoria. Obama no está en contra de las guerras, pero sí denosta los emprendimientos bélicos estúpidos. Se trata de volver a las raíces: no imitar antiguos imperios basados en el egoísmo y la individualidad sino luchar por la humanidad toda sin emprender desvaríos apocalípticos.    

A todos los cambios y beneplácitos esperanzadores se le opone un pero muy grande. El mundo que Obama pretende no será muy distinto al de Bush por tres razones: la guerra contra el terrorismo sigue su curso porque es una misión redentora de los Estados Unidos; el papel global es indisoluble de la primera; y como síntesis de las dos primeras, la continuación ahora debe puntualizar la recuperación del liderazgo norteamericano, revalorarlo y afianzarlo por el bien de toda la humanidad, en un contexto que mezclará la pluralidad y la cooperación con la unilateralidad de acuerdo al caso que se trate.  En pocas palabras: el aislacionismo no tiene razón de ser para los Estados Unidos.

La historia como enemigo

Una apertura al diálogo –rasgo que lo distanciaría de Bush- tiene en la nueva administración el fin de ayudar a los llamados Estados débiles o fallidos, cooperar con los que no pueden combatir el terrorismo en su propio territorio. La elección de una forma de violencia como enemigo, encarnada en los Estados Unidos desde el siglo pasado, sigue presente, como la noción de que la paz fronteras afuera es la paz del territorio nacional. El repliegue conceptual que se traslade a las acciones y que implique renunciar a ciertas intervenciones para reflotar el multilateralismo, seguirá bajo el paraguas de la Doctrina de Seguridad Nacional. Sencillamente porque los enemigos para Obama siguen siendo los mismos: “…Al Qaeda, la revitalización de Hamas y Hezbollah” a los que se suman Irán y Siria que estarán en el ojo vigía norteamericano.

La ampliación del ejército añadiendo 65 mil soldados al Ejército y 27 mil infantes de Marina forma parte del diálogo y el mantenimiento de la paz, según el nuevo presidente. El plan es luchar contra los que se oponen a la modernidad, los terroristas, misión titánica, global: “Ya que este enemigo opera globalmente, debe ser enfrentado globalmente” resume Obama siguiendo los patrones redentores de los Estados Unidos.

El intento de Obama con hombres que provienen de la ex administración de Bill Clinton y del poder económico a secas, será de cambiar el color de las cosas aunque las cosas sigan iguales. Si Bush le dio al poder blando una muerte definitiva, serán los nuevos tiempos los que proclamen la necesidad de una resurrección en carácter de urgencia. Es decir: usar la zanahoria y el garrote de acuerdo a las circunstancias; la atracción y el prestigio; la guita y los palos; la seducción; la búsqueda del diálogo, pero no un trato entre iguales. En definitiva, saber administrar el poder militar presente en 140 países con más de 300 mil soldados, y mostrarlo al mundo no como un factor de intervencionismo, sino como una medida acorde a los tiempos modernos en busca de la libertad y la felicidad extrema.  

A pesar de los posibles nombres que se manejan para la conformación del nuevo gobierno, la vuelta a los años de la expansión de las democracias de mercado, requiere de demasiados esfuerzos. Los años de Clinton presentaron un marco conceptual nuevo y elegante luego de la caída de la Unión Soviética. En aquellos años se trató de una economía política de características globales en pos de una nueva Seguridad Nacional, de la mano del mercado. En el aspecto militar emergió una nueva categoría que implicaba nuevas alianzas y nuevas definiciones. Los países emergentes y democráticos fueron bienvenidos en las nuevas coaliciones. El papel clintoniano fue el de ampliar, según el teórico y asesor Anthony Lake, y “reforzar a la comunidad de las naciones democráticas” en los cuales los ideales –los norteamericanos- y los intereses –también norteamericanos- convergían. Pero el espíritu de los años de Clinton podrá ser recuperado en sentido ínfimo sólo en materia económica, porque hoy el “enemigo” y las perspectivas teóricas de Lake son otras y la herencia pesada, pero no discutida en el fondo, sino en el cómo. Irak y Afganistán son diferentes a la ex Yugoslavia, a la ocupación de Haití o la aventura en Somalia en la que Clinton tuvo su debut como intervencionista.

El primer presidente negro en la historia de los Estados Unidos deberá hacer frente a las interpretaciones incómodas (presiones) emanadas de viejas tradiciones en las cuales el idealismo se diluye por completo. El escritor y columnista Robert Kagan, neoconservador ilustre, proclamó la benevolencia del imperio norteamericano y sentenció: "No hemos de ser simplistas, no se hallará la legitimidad en el Consejo de Seguridad. Tengan en cuenta que los presidentes norteamericanos nunca creyeron en la ONU". Obama acompaña. Israel se encuentra en cada una de las palabras de Kagan; Oriente Medio y la alianza con Israel son el camino que no contiene ningún precepto institucional que desembarque en la ONU, y Obama se refugia en la amistad incondicional, una cuestión de fondo que parece inmodificable. En su discurso ante el American-Israeli Public Affairs Committee (AIPAC) en junio de 2008, al final de las primarias de su partido, defendió la seguridad de Israel y el reconocimiento de Jerusalén como su capital indivisible. Este hecho sigue separando a Europa de los Estados Unidos.    

Conexión natural

América Latina no está ajena a la misión y a la historia de los Estados Unidos y de su temible interpretación de la libertad. La responsabilidad de los males latinoamericanos es, por una fatal omisión, culpa de los Estados Unidos; ha olvidado a América Latina. Dice Obama: “En América Latina, desde México hasta Argentina, no logramos tratar adecuadamente sus preocupaciones sobre inmigración, equidad y crecimiento económico”. Siempre se trata de un liderazgo perdido que hay que recuperar.

Según el flamante presidente "hay una conexión natural entre Estados Unidos y América Latina". ¿Será por esta razón que Obama votó a favor de la construcción del muro en la frontera con México? Eso sí, no un muro en toda la frontera, vale aclararlo, sino sólo algún tramo. Sin embargo, Estados Unidos gobierna por el bien común, no por un interés nacional, estatal y norteamericano. Aboga por los intereses universales. Estados Unidos, como le gusta a Kagan, es el único país cuyos intereses se encuentran en cualquier parte del planeta donde se lo proponga. Y el Plan Colombia para la dupla presidencial no escapa a dicha premisa.

La conexión natural implica una mayor presencia en el continente. Un acercamiento que ponga coto a los charlatanes populistas. Siguiendo con la conexión natural, no ya con América Latina, sino con la pesada carga norteamericana y su línea histórica, Obama expresó con gran sinceridad cuál será el futuro de Cuba: “Mantendré el bloqueo económico. No hay mejores embajadores de la libertad que los cubano-estadunidenses” (discurso pronunciado en la Fundación Nacional Cubano Americana el 23 de mayo de 2008). El tema cubano, espinoso en el interior de Estados Unidos (Miami y Florida), presenta opiniones de todos los colores. Pero hace dos años que las cámaras del Congreso de los Estados Unidos están dominadas por los demócratas y, sin embargo, no han pronunciado iniciativa legislativa alguna sobre Cuba.

Ya se sabe, como dice Dan Restrepo, asesor de Obama para la región, que las políticas en Latinoamérica llevadas a cabo por el presidente Bush han sido erróneas, tanto como las implementadas por Hugo Chávez en Venezuela. Pero todo se puede charlar, y a eso se apunta. La creación de un clima favorable para la conversación con los líderes que quieren dar la espalda a los Estados Unidos. Revertir la situación, lo que implicaría la América para los americanos.  

El punto es volver a manejar la situación. ¿Es una amenaza Hugo Chávez? “Sí, creo que es una amenaza, pero es una amenaza manejable”, sentenció Obama. El rumbo propio no está contemplado, como nunca lo estuvo. Las críticas esbozadas a Venezuela o Cuba o cualquier otro país crítico de los Estados Unidos, apuntan a extirpar las causas que llevaron a personajes poco agradables al poder. Interesa poco, muy poco, si fueron elegidos mediante las urnas en elecciones libres. En todo caso Hamas en Palestina lo hizo. Chávez también fue elegido democráticamente, pero no lo hace en el ejercicio del poder, menos aún Hamas.   

Para los Estados Unidos su “patio trasero”, ahora un tanto rebelde, significa un destino que ofrece 225 000 millones de dólares al año en bienes, equivalente a cuatro veces más de lo que exporta actualmente a China. La cuestión es prestar más atención a la zona considerada perdida por las altas cúpulas norteamericanas. Como indica Abraham F. Lowenthal, profesor de Relaciones Internacionales de la University of Southern California, “Washington deberá concentrarse en hacer frente a los temas subyacentes que crean el espacio para que surjan líderes demagogos populistas”.

Teniendo en cuenta los lineamientos generales de la visión de Obama y su equipo variado que atiende al eje político-económico-militar, las bases se mantienen. Los indeseados siguen presentes en su discurso; la revalorización del poder blando es el objetivo, no menos coercitivo que el poder duro; y el terrorismo y el papel redentor global son los objetivos. Por ahora los anuncios están más ligados al plano económico y a tranquilizar al esquizofrénico pueblo norteamericano. Desde América Latina nos importa su política exterior. Se presume que en líneas generales de acuerdo a la historia, el bipartidismo y los lineamientos teóricos y políticos, el camino a recorrer no será muy distinto. Pedir cierta cuota de humildad es demasiado. Los cambios o las esperanzas puestas en Obama son y serán la retracción geopolítica, todo lo demás pertenece a la campaña, o a mirar hacia atrás y ver la foto de Bush. Claro, todo lo que viene parece ser mejor, parece.  
 

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