BREVES
Causa Noble: "La resolución de Bergesio es inentendibe"
Así lo expresó a P&M el abogado de la familia Lanoscou, Pablo Llonto, respecto del pronunciamiento del magistrado, quien, luego de enviar las muestras al Banco Nacional de Datos Genéticos, resolvió que se debía cumplir con la ley que ordena que eso se realice. Según Llonto, "la táctica de los abogados de Noble, con el guiño del juez, es dejar pasar el tiempo porque si ella muriera, ya no quedarían culpables".
Revista #25 Marzo 2009 > Historia
Raúl Scalabrini Ortíz en cinco pantallazos
2009, año del pensador
Javier Arakaki
Boxeador, callejero… colega espiritual de Discépolo cuando comenzaba a tanguear los ´30. Hijo de familia pródiga del interior, afamado en las mejores revistas y columnista en los diarios más solemnes. Supo parar en el centro, en Corrientes y Esmeralda, relojear dulces señoritas y observar y describir desde allí, con gran imaginación y precisión, la morfología identitaria del porteño medio.
Se recibió de Ingeniero Agrimensor en la UBA, y como antes lo hicieran Lugones, Ingenieros o Palacios, en sus épocas de estudiante vivió la experiencia de la militancia anarco-socialista. Pero también, al igual que aquéllos, su pensamiento evolucionó ideológicamente hacia el nacionalismo una vez superada la cápsula académica.
Entre 1923 y 1931 publicó dos producciones literarias: La Manga y El hombre que está sólo y espera. Su prosa muestra rasgos de irónico refinamiento, más cercana a la de Borges o a la de Bioy Casares que a la del Grupo de Boedo: todo un “gentleman peronista” avant la lettre, se podría decir. De haber curtido los ´90 hubiera sido ricotero…
II
Del ´36 al ´39 es el principal impulsor y responsable de la edición y publicación de los 13 míticos Cuadernos de FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina), pero nunca fue miembro oficial de ella, puesto que uno de los criterios de membresía era ser afiliado a la UCR, y ya por 1935 Scalabrini Ortíz entendía que el radicalismo no era la fuerza política que podía llevar adelante la Revolución Nacional.
Cómplice intelectual, sí, de don Arturo Jauretche, quien consideraba que Scalabrini era “la mitad de FORJA”. Los oficiales del GOU tomaron como texto obligatorio de su formación política el cuaderno dedicado a La historia de los ferrocarriles de nuestro amigo. Más adelante, el propio Scalabrini tuvo la oportunidad de proponerle personalmente al Presidente Perón la nacionalización.
III
Promotor de una Revolución Nacional basada en el “principio de realidad” consideraba, a diferencia del nacionalismo tradicionalista, que la nación no es algo distinto al pueblo multigenético de diverso y vasto origen que la conforma. Pero a su vez observaba que la peculiaridad nacional argentina se hallaba atascada, adormecida, aprisionada por la acción de la política exterior de la Corona Británica.
A través de sus investigaciones durante la década del ´30 tomó conciencia de que el poder no es un ente abstracto, sino que se realiza en acciones concretas de sujetos concretos. Que se expresa en el modo en que se yergue un cuerpo, en el ritmo a que camina, en la regularidad de sus pasos… (“La muchedumbre va por la mañana y vuelve por la tarde”, repite lúgubre e intuitivamente en su cuento Los humildes de 1923).
Y en este sentido dejó explícito en sus escritos que el poder británico tampoco era algo intangible, sino que se corporizaba en el entramado de las vías ferroviarias, en la orientación de las investigaciones petroleras, en la creación del Banco Central, o en la ciencia económica comprada en Europa y enseñada luego en nuestras universidades. Al respecto gustaba decir que:
“Estos asuntos de economía y finanzas son tan simples que están al alcance de cualquier niño. Sólo requieren saber sumar y restar. Cuando usted no entiende una cosa, pregunte hasta que la entienda. Si no la entiende es que están tratando de robarlo. Cuando usted entienda eso, ya habrá aprendido a defender la patria en el orden inmaterial de los conceptos económicos y financieros.”
También criticó por abstractas y faltas de realismo político las estrategias de las internacionales marxistas, a las cuales veía, por ello mismo, como funcionales al imperialismo anglosajón:
“Puede ser que haya una confraternidad proletaria, pero, si la hay, es muy semejante a la confraternidad cristiana: un ideal, una forma de expresión del espíritu, sin relación alguna con la necesidad de todos los días. Un obrero inglés come pan barato a costa de la miseria de un trabajador agrario argentino. […] Los trabajadores argentinos comienzan a comprender que las agrupaciones internacionales, al alejar a los trabajadores de la consideración objetiva de sus problemas, cumplen una función de utilidad para los extranjeros que extraen ganancias de la explotación de la Nación, de la que es parte primordial el trabajador”.
Y en pleno proceso de gestación de la Reforma Constitucional del ´49, publica un folleto instalando en la agenda pública un problema central de la política nacional: "El capital, el hombre y la propiedad en la vieja y la nueva Constitución Argentina”.
IV
Al igual que muchos otros nacionalistas creyó ver en aquel 17 de Octubre el despertar de la conciencia nacional adormecida. Creyó verla surgir de los cantos de los humildes que llenaron la Plaza de Mayo al son del grito de guerra: ¡Viva Perón! “Era el subsuelo de la patria sublevado”, diría precisa y bellamente un tiempo después.
Acompañó entonces fervientemente la campaña presidencial desde sus columnas en el diario Política; asesoró luego al gobierno de la Revolución Nacional, y el propio General reconoció públicamente más de una vez el aporte ideológico de Scalabrini. Ambos creían que la felicidad del pueblo es el mejor síntoma de realización de ese carácter único e irrepetible que cada nación expresa cuando toma conciencia de sus propias potencialidades, es decir, cuando se hace dueña de su propio poder.
Peronista consciente, ajeno a los rituales de la liturgia, acaso por ello y pese a sus buenas relaciones con el poder ejecutivo, la burocracia le dificultó el acceso a los medios de difusión oficiales. Luego no quiso aceptar un cargo que le fue ofrecido argumentando que se sentía más apto para el análisis que para la realización. Se retira por entonces de la vida política, y el golpe del 1955 lo encuentra plantando álamos a las orillas del Paraná.
Sin embargo es uno de los primeros en alistarse en la Resistencia tras el derrocamiento de Perón, y haciendo gala de su claro realismo político declara por entonces:
“Hay muchos actos y no de los menos trascendentales de la política interna y externa del General Perón que no serían aprobados por el tribunal de ideas matrices que animaron a mi generación […]. [Pero] no debemos olvidar en ningún momento -cualesquiera sean las diferencias de apreciación- que las opciones que nos ofrece la vida política argentina son limitadas. No se trata de optar entre el General Perón y el Arcángel San Miguel. Se trata de optar entre el General Perón y Federico Pinedo. Todo lo que socava a Perón fortifica a Pinedo, en cuanto él simboliza un régimen político y económico de oprobio y un modo de pensar ajeno y opuesto al pensamiento vivo del país”.
Scalabrini muere el 30 de mayo de 1959, hace 50 años.
V
Don José Ortega y Gasset, español aristocrático y agudo espectador de la vida, a mediados de la década de 1920 opinaba acerca de las juventudes intelectuales argentinas. Consideraba Ortega que los jóvenes intelectuales argentinos tenían por delante el desafío de sistematizar su pródigo pensamiento y hacerlo propio, riguroso y real, que sepa ir directamente “a las cosas”. Creemos que don Raúl Scalabrini Ortiz es, incluso al día de hoy, una de nuestras mejores respuestas a esa expectativa.
Posdata
Hace poco hemos tenido el agrado de leer Una obra trascendental, cuento corto que Scalabrini publicara en sus inicios literarios allá por 1923. En él se describe la vida de un demente extremadamente puntilloso y preciso a la hora de elaborar la estructura del argumento de sus textos; que estudiaba durante años arduas disciplinas para sentirse con el derecho de escribir una sola palabra o un punto y coma; que pretendía revelar una arcana verdad pero a través de un texto ameno… Y sentimos que en ese texto Scalabrini daba a luz una premonitoria y oculta autobiografía.
* Sociólogo (UBA), investigador del Instituto de Formación Política “Raúl Scalabrini Ortiz” (institutoscalabrini.blogspot.com)
COMENTARIOS (0)
AGREGAR COMENTARIOS
La finalidad de este servicio es sumar valor a las notas y establecer un contacto más fluido con nuestros lectores. Los comentarios deben acotarse al tema de discusión. Se apreciará la brevedad y claridad de los textos, y el buen uso del lenguaje: las malas palabras y los insultos no serán publicados.
