Domingo 20 de Abril de 2014 - 02:41hs. - República Argentina Edición # 555

Revista #28 Junio 2009 > Entrevistas

José Pablo Feinmann: Los pies en el barro de la historia

Es el pensador más importante del país. Recuperó con el inusitado y creciente atractivo de sus ideas, la posibilidad de pensar más allá de la agenda impuesta por los medios, la historia oficial y el rol de los intelectuales del medio pelo. Aquellos que venden libros lamentándose de una patria que no quieren compartir.


Por María Inés Pereita y Juan Manuel Fonrouge

Cuando uno conoce a alguien a través de sus libros, no se imagina cómo será el encuentro sin páginas de por medio y sobre todo si se tiene en cuenta la personalidad de los que ejercen el violento oficio de escribir, como dijera Rodolfo Walsh. En el imaginario que se construye a priori, uno piensa que se pueden complicar las preguntas, que el estado de ánimo puede ser cambiante, o que el filósofo se negará a hablar de ciertos temas, aburrirse y cortar la entrevista. Prejuicios. En esta nota ocurrió todo lo contrario. Lo invitamos a que pase, lea y descubra al hombre que nos ayudó a recuperar el espíritu crítico de la filosofía.

Nos recibe su compañera, María Julia Berttoto, sus dos gatos, y el entrevistado, sentado en una pequeña mesa frente a una vitrina repleta de figuras felinas de distintos materiales, colores y tamaños. José Pablo Feinmann nos conduce a la reducida habitación en la que escribe; casi pensada para que nadie más entre. Las estanterías repletas de libros parecen que van a derrumbarse en cualquier momento, sepultándonos en una montaña de libros de cine, literatura y filosofía. Habla, piensa y busca libros con la mirada. Se apasiona, pero nunca pierde el hilo ni pregunta “¿de qué estábamos hablando?” Todo tiene que ver con todo para un filósofo, y las respuestas van más allá de los interrogantes.

¿Por qué creé que occidente vuelve a recurrir al filosofo Martín Heidegger?

Desde que empieza a aparecer el estructuralismo, la izquierda francesa a mediados de los años sesenta quiere salir del marxismo, pero manteniendo una crítica a la modernidad capitalista. Esa crítica que estaba en (Karl) Marx, también estaba en Heidegger, pero desde otro punto de vista; sin plantear la lucha clases, ni la liberación de los pueblos, ni de la clase obrera. Para los intelectuales franceses había que salir del sujeto para entrar en Heidegger, porque en su libro Cartas sobre el Humanismo parte de lo que se llama el olvido del ser. El hombre es el amo del ente, es el dominador de la naturaleza a través de la técnica, es el hombre del tecnocapitalismo. El hombre ha olvidado al ser por dominar lo óntico, lo ente. Ahí, sus seguidores de izquierda ven al hombre capitalista, que endiosa a las cosas y somete a los hombres. En Foucault no hay una teoría de la contra insurgencia, de la lucha contra el poder, sino que hace una enorme teoría de ‘el poder’, pero no como uno puede revelarse contra él. Entonces, los alumnos de Foucault a fines de los ’70 le plantean: ‘hemos hablado mucho del poder, ¿ahora cómo luchamos contra él?’ Y a Foucault le cuesta mucho dar una fórmula, porque eso lo acercaría a (Jean Paul) Sartre, que era el filósofo de la libertad del sujeto, y para luchar contra el poder se requiere la libertad del sujeto. Foucault no quería darle relevancia a la libertad del sujeto, porque iba a caer en el sujeto de la fenomenología, que él abominaba. Entonces, empieza ha elaborar una serie de cosas como la contraconducta y nunca llega a una teoría del contrapoder. Creo que lo de él es una filosofía de lo uno, del poder, y no llega a una filosofía de la rebelión. Y los demás no llegan a nada, llegan a la academia y no salen de ahí. Con todo esto de la primacía de la lingüística, de la semiología, la filosofía pasa a ser parte de los departamentos de literatura; la usa la crítica literaria en un análisis de texto, no hay nada más allá del texto. Las filosofías se quedan en el texto, ya no remiten al barro de la historia, como lo hacía la filosofía sartreana; por eso occidente recurrió a Heidegger.

¿Qué defienden los filósofos franceses de Heidegger?

Que el hombre de la técnica se ha extraviado por completo, que el dominio del mundo, de lo óntico, ha llevado al hombre al sometimiento de todas las cosas de la naturaleza, pronto a la destrucción del mundo. Heidegger dice que donde el hombre vive ya no es la Tierra. Entonces, ¿cuál es el camino del hombre? Volver al ser. Heidegger nunca dice qué es el ser. Es Dios. Siempre en la filosofía lo no fundamentado es Dios. El hombre tiene que estar en una especie de pathos de la espera, de la escucha. Y estar ahí a la espera del llamado del ser. Lo que le contesta Adorno - estoy totalmente de acuerdo con él -, es que yo tengo el pathos de la escucha para el sufrimiento. Es un camino muy zen el de Heidegger. De hecho, él se acerca a oriente. Este mundo va hacia el abismo. Heidegger camina por ahí con un filósofo japonés, se acerca a un árbol y le dice que ese árbol va a servir siempre para darle sombra a un caminante cansado. Pero el tecnocapitalismo seguramente lo va a talar para industrializarlo. Y, lo que diría un tecnocapitalista, es que se puede industrializar el árbol y hacer en ese lugar una cabaña para el caminante cansado. Pero esa respuesta no la contempla Heidegger, lo que contempla es el arrasamiento de la Tierra. Los ecologistas se vuelven locos con Heidegger, y tienen razón. Es el único filósofo que se preocupa por el arrasamiento de la Tierra. Lo cual es real, no sé cuánto va a durar esto. ¿Ustedes lo han pensado? No se si va a durar 50 años. Está constantemente de moda Heidegger, que anunció este tipo de cosas, criticando al capitalismo, sin nunca hablar de una revolución. Para él, la revolución es plantarse de otro modo frente al ser y no vivir entregado al dominio de los entes.

La dialéctica materialista parte de la oposición entre el hombre y la naturaleza, que la transforma mediante el trabajo. Tanto el capitalismo como el socialismo real, creyeron en una transformación ilimitada, en un progreso ilimitado. ¿Creé que la contradicción fundamental entre capital y trabajo pasó a ser entre capital y naturaleza?

Totalmente. Incluso, coincide con La dialéctica del iluminismo, el libro de Adorno y Horkheimer que le deben mucho a Heidegger, aunque no lo digan y a La filosofía de la historia de Benjamín. Lo que hacen ellos es cambiar el eje de la lucha de clases a la relación entre el hombre y la naturaleza. Todo lo que prometía la dialéctica hegeliana, de hecho, Marx es un pensador de la técnica. ¿Qué es lo que propone Marx? Que la burguesía destruya todo. Marx se entusiasma con la burguesía, ¡la burguesía va a destruir todo! Entonces, se vuelve sarmientino. Para Marx las fuerzas burguesas tienen que arrasar todo y de ahí va a surgir el proletariado.

Lo que pidió Marx para México, que se establecieran las relaciones de producción capitalista…

Claro. Porque hubiese dicho Estados Unidos tiene que dominar México, apropiarse de California, la potencia industrial.

Cuanto peor mejor…

Cuanto peor para el débil, ¿no? Por eso apoyaba la expansión británica sobre la India, es decir la idea dialéctica. Lo perdió muchísimo a Marx la dialéctica. Lo llevó a una visión teleológica de la historia, una visión del desarrollo permanente por el cual la burguesía, en tanto conquistara lo que le era posible conquistar históricamente, y estableciera sus relaciones de producción, se generarían las condiciones para el nacimiento del proletariado revolucionario. Cosa que no pasó. Porque todos los lugares que conquistó la burguesía los llevó al atraso, no llegó el progreso y no surgió el proletariado revolucionario. Finalmente, la gran profecía de Marx: el proletariado iba a enterrar a la burguesía. Nunca ocurrió, sino que la burguesía enterró al proletariado, y cada vez más. Se equivocó en eso; es mejor no ser tan profético. No así, en otras cosas, es un gran pensador. Pero en su parte profética, que le viene de la dialéctica, esa cosa de la necesidad de la historia que envenenó a toda la izquierda, que el mundo va hacia el socialismo, el “Che” Guevara, todos creían eso…

La inevitabilidad de la historia…

Lo inevitable, el proceso dialéctico lleva al socialismo. Se daba la vida por una certeza no fundada que terminó negándose. Y este es el mundo en el cual vivimos ahora, que es interesante para vivir porque tiene connotaciones apocalípticas fascinantes. Hay una cosa que (Ernesto) Laclau llama ‘polos de hegemonía’ que serían lugares donde uno podría detectar el surgimiento de respuestas al sistema de producción capitalista. Todos vemos el surgimiento de China, pero no es ninguna respuesta alternativa al capitalismo, es otro tipo de capitalismo con un sesgo más totalitario, joven y potente; pero la injusticia va a seguir y hay un peligro potente de destrucción. Hay muchos polos y todos tienen poder nuclear: India, Pakistán, Irán. Supongamos que mañana Irán arroja tres misiles nucleares sobre Israel. ¿Qué haría EEUU? Tiraría quinientos contra Irán, lo borraría del mapa. Eso llevaría a un problema muy serio sobre la seguridad de cómo vivir sobre este planeta.

¿La multilateralidad no llevó a la solución de estos problemas?

No, la multipolaridad lo complicó más. Antes eran dos los que estaban armados nuclearmente y se temían. Vivíamos una época de temor nuclear centrados en dos grandes potencias y las guerras eran de baja intensidad, muy crueles. Todas las guerras de la seguridad nacional - Vietnam, (Jorge Rafael) Videla aquí- que se daban en el tercer mundo, iban de un lado al otro arbitrando las distintas guerras. Pero nunca hubo una guerra entre EEUU y la URSS directamente. Al caer la bipolaridad de la Guerra Fría empieza a surgir una multipolaridad y aparece el Islam con las Torres Gemelas como gran símbolo: la aparición de un temible oponente. La multipolaridad ha perjudicado la seguridad del planeta.

¿Cuál cree que debe ser el rol de los filósofos e intelectuales en la  actualidad?

Creo que debe ser crítico. El rol crítico establece una separación entre uno y su entorno y es muy difícil esa separación, porque todo está preparado para que uno esté mezclado en su entorno. Yo uso una fórmula de Jacques Lacan, no como la usa él, que dice que el inconsciente es el discurso del otro. Y efectivamente vivimos inmersos en el discurso del otro. Vivimos todo el día recibiendo el discurso del otro, formando nuestro inconsciente o nuestro conciente; nuestra subjetividad. La gente vive en medio de una avalancha de informaciones, de interpretaciones. En Argentina vivimos en medio de un fascismo infernal, un avance de la derecha en todo el mundo. Los medios de comunicación en lo ideológico son fascistas. Y en el aspecto del entretenimiento, también es fascista por la manera de entretener de un modo distractivo; ¡te vamos a entretener hasta reventarte, hasta volverte tarado! Esa es la función de (Marcelo) Tinelli, de los caños, culos y tetas. Caen rendidos y no hay un surgimiento de una conciencia que se aparte de eso, que se aparte del discurso del otro críticamente. Heidegger habla de la ‘existencia inauténtica’, de vivir en estado de interpretado. No interpreta nada, y es interpretado constantemente. Hay otra fórmula de Lacan que dice que uno no domina una lengua, sino que ella lo domina a uno. Uno nace y recibe palabras y cuando empieza a hablar ¿qué tiene? Las palabras que recibió. Una lengua que uno cree que domina, pero que en realidad es dominado por esa lengua. El hombre está entregado a las escribidurías, a las novedades, al ‘se dice’. Todo en un magma, en un mundo ya decidido, y él se incorpora a ese mundo porque es fácil. Si el mundo está decidido no tengo que sufrir, pienso lo que hay que pensar, digo lo que hay que decir, leo lo que hay que leer, paso por la vida en general tratando de ignorar un hecho fundamental, que es mi propia muerte. Woody Allen, que trabaja bien estas cosas, en su película Manhattan, reflexiona que todo esto que nos pasa, todos los problemas que nos creamos, que nos enamoramos, separamos, o volvemos a juntar, son para evitar pensar que nos vamos a morir. Es una gran reflexión. Yo también creo eso. El hombre inauténtico crea a todo este mundo: va a laburar, enciende la televisión, lee a Dan Brown que sacó otra novela; esto de Gran Cuñado que lo ve todo el mundo (risas) ¡Van a votar al que les cayó más simpático en Gran Cuñado! No hay ideas, no se debaten ideas.

Esto nos remite a su concepto de sujeto absoluto comunicacional…

Claro. Este es el sujeto absoluto comunicacional que nos remite a los grandes grupos de comunicación. Acá hablamos del Grupo Clarín, pero a su vez éste debe ser parte de otro grupo. Uno nunca sabe finalmente para quién trabaja, para quién escribe.

¿Podría hacer una breve ontología de la clase media argentina?

Es una clase que no tiene grandeza. La clase media es lo que no quiere ser; no quiere ser clase media porque quiere ser clase alta, pero tampoco es lo que no quiere ser, que es ser clase baja. ¿Qué es? Es eso y no va a salir de ahí. No va a ser lo que quiere ser y, sí posiblemente, va a ser ese terror que tiene de ser pobre. Y esto la vuelve asustadiza y en tanto es asustadiza, se vuelve muy tendiente al fascismo. Todo avance de los negros es para la clase media algo terrible: ‘los negros nos van a unir a ellos y nosotros nos queremos correr siempre a la derecha, pensar como la derecha, comer donde come la derecha, manejar los modismos de la derecha’. Es una clase insolidaria, muy cobarde y que tuvo aquí un gran momento que fue el de la juventud peronista, un curioso fenómeno de muchachos de clase media que se rebelaron contra sus familias. Hay una frase muy graciosa de Perón que dice: ‘ahora vamos a ganar porque votan las mujeres, y no saben cuándo voten los jóvenes’, en el año ’52. Los pibes de ese momento que se criaron escuchando atrocidades contra Perón se volvieron peronistas. Toda generación se rebela contra sus padres. Esa generación de clase media en esa coyuntura histórica se hizo muy militante y participó de la guerrilla, y admiró, para mi juicio, excesivamente las acciones armadas, pero tuvo también una gran pasión militante, tuvo tipos brillantísimos como Juan Abal Medina o Esteban Righi, que a los 34 años dio ese discurso memorable a la policía. ¡Un tipo que reúne a todos los comisarios y les dice: ustedes no crean que de ahora en más no tienen que guardar el orden. Lo único que pasa es que el orden que tienen que guardar, cambió! (risas) Y después dice: ‘ninguna vejación será tolerada’. Ese discurso sirvió a través de los años para decir ‘qué delirios en este país, Dios mío... estaban todo locos’. Y es verdad, duraron 47 días y vino Perón a cagarlos. Y ese discurso de Righi lo había leído (Héctor) Cámpora, lo que habla de la posibilidad de transformación de un individuo. Yo hablo mucho con Juan Abal Medina padre -porque está el hijo que es brillantísimo- y él me decía dos o tres frases que eran de Cámpora. Y vos fíjate quién decía esto (risas) ¡Cámpora! A ese tipo yo lo adoro, porque del mediocre adulón de los ’50, lee el discurso de Righi. Es fantástico que eso lo haya hecho Cámpora.

Cámpora podría haber sido una buena síntesis para la etapa…

Claro, era una muy buena síntesis. Pero para los militares, empresarios, la Iglesia, era pura subversión. Al día siguiente del discurso de Righi una organización de comisarios le manda una carta que dice: ‘lo que usted está haciendo es desalentando a la policía para posibilitar el asalto rojo final’. Esa era la verdadera Argentina.

¿Cómo interpreta el concepto de populismo? ¿Cree que hay que revalorizarlo, resignificarlo y aceptarlo como un concepto válido para entender el proceso político?

Creo que sí, porque les preocupa mucho el populismo. En estos momentos no hay otro concepto. Otro sería el de revolución, que sería expropiar a la burguesía y eso lo puede proponer el Partido Obrero. Pero un camino que está haciendo América Latina es el del populismo, que es un Estado intervencionista, distributivo, el Estado latinoamericanista que se ocupa de cuidar los intereses del pueblo e intentar una distribución de la riqueza. Viste lo que fue acá intentarla el año pasado. Por un tres por ciento estalló el país. La Argentina parece ser un país difícil para esto, muy facho en ese sentido. Pero hay una posible distribución de la riqueza en asfaltar calles, construir casas…

Que lo haga el Estado a través de la recaudación, pero no distribuyendo la renta privada….

El Estado lo va a poder hacer, pero no poner las manos en el bolsillo a ninguna clase empresarial. Además, la gente salió a defender a estos tipos, por más que haya sido mal interpretado; todas esas son excusas, ¡concretamente se les trató de sacar un tres por ciento, y casi tiran al gobierno! Yo creo que si Cobos votaba a favor había una revolución en ese momento. Cobos es un traidor, pero hizo algo que frenó…

¿Creé entonces que, efectivamente, hay una estrategia destituyente?

Sí. Creo que si esa noche ganaba el gobierno salían estos locos con los tractores. ‘Tenemos armas, tractores, camiones, tenemos bases’, y uno dice ¡estos se van a venir sobre Buenos Aires!, más la belicosa clase media porteña…chantas…

¿Creé que el peronismo sigue siendo imprescindible para pensar un proceso transformador? ¿El peronismo sigue siendo el hecho maldito del país burgués?

No, eso está muerto. El peronismo es el hecho maldito del país. Ya no del país burgués. Si hubiera país burgués habría una burguesía productora, que daría trabajo, que crearía un mercado interno, y no hay nada de eso. Finanzas, dinero que se hace con dinero, y después el monocultivo de estos tipos de la soja que son unos atorrantes, de liquidar terrenos y alzarse con todo. Y el peronismo… no existe el peronismo. Es un aparato que está conformado por intendentes, punteros, políticos, la mafia, la droga, la prostitución y la delincuencia respaldada por la policía. Lo que se puede hacer es lo que hace (Néstor) Kirchner de decir: “bueno, yo me meto en la mierda y discuto con estos tipos codo a codo”. Y lo hizo. Creo que el tipo es muy bravo. A mí no me gusta esa política, pero qué sé yo. En el mundo de hoy, Kirchner al lado de todos los otros, es una especie de tanque German de la política, que es capaz de entrar rompiendo todo, enfrentando al duhaldismo y a las mafias, y afanándose lo que se quiere afanar; él es como Ringo Bonavena y Cristina sería Cassius Clay. Él es el pegador, tosco pero que embiste y ella hace la política más superestructural; inteligente, brillante, y no sé con qué presidente la podemos comparar…Perón en los primeros años. Es incomparable. Piensa muy bien, habla con mucha fluidez, tiene humor, y se ve que se han dividido los roles. Ella no se mete en la jungla, en la jungla se mete el otro, que es divertido. A mí me divierte cuando dice: “Qué te pasa Clarín”, (imita la voz de Kirchner); es espectacular, es un loco…No tienen una oposición. A mí no me atraen ninguno de los otros como ellos dos y como la gente que tienen, como (Juan Manuel) Abal Medina, el mismo Aníbal Fernández que es muy lúcido. Me contaron que le dijo a Magdalena Ruiz Guiñazú: “no se ponga medias de seda que la foto es de carnet” (risas). Hay muchos tipos así en el gobierno. Tristán Bauer con el canal Encuentro, con toda esa gente trato para hacer el programa de filosofía. Si no estuvieran, ¡mi programa de filosofía… las pelotas!

En estas elecciones, ¿creé que es desde esta contradicción desde donde habría que pensar el voto?

Sí, habría que pensar el voto desde dos opciones que están bien diferenciadas. La opción populista, latinoamericanista de sí al Mercosur, no al Alca, la estatización de las AFJP, la posibilidad de una distribución del ingreso; y, del otro lado, el neoliberalismo, el Alca, la relación de sometimiento con EEUU, el dólar y la relación con los organismos financieros. Son dos proyectos opuestos, por algo atacan tanto; es el Estado intervencionista lo que no se bancan.

Por último, ¿creé que van a descongelar a Walt Disney y que volverá como un Mesías?

(Risas) Es muy posible, si les hace falta, pero todavía no sé para qué lo pueden necesitar. Yo creo que efectivamente a Walt Disney lo tienen en algún lugar y ya deben disponer de la tecnología para revivirlo. Sería demasiado espectacular. Hay un texto de Heidegger que se llama La ciencia no piensa: “Pronto haremos al hombre”. Y cuando hagamos al hombre nos va a reventar la cabeza.

 

 

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