BREVES

Causa Noble: "La resolución de Bergesio es inentendibe"

Así lo expresó a P&M el abogado de la familia Lanoscou, Pablo Llonto, respecto del pronunciamiento del magistrado, quien, luego de enviar las muestras al Banco Nacional de Datos Genéticos, resolvió que se debía cumplir con la ley que ordena que eso se realice. Según Llonto, "la táctica de los abogados de Noble, con el guiño del juez, es dejar pasar el tiempo porque si ella muriera, ya no quedarían culpables".

Revista #25 Marzo 2009 > Cine

El riesgo de ganar

El cine argentino viene atravesando importantes desafíos en los últimos tiempos que han sido abordados desde diferentes perspectivas, ya sea por los realizadores, productores, el INCAA, y ya es tiempo de que también el público sea parte del cambio que se viene.


Un panorama de la industria cinematográfica

Por Joaquín Almeida

Hacer una película es un emprendimiento caro, quizás el más caro de toda la industria cultural. Hay que pensar que un estreno puede demorar años, desde que se concibe una idea, se plasma en un guión, se consigue el dinero, los actores, los técnicos, la producción, la postproducción, la difusión y luego las copias para finalmente proyectarla.

Y todo ese esfuerzo puede significar encabezar la lista de entradas vendidas, ganar premios internacionales, o exhibir en dos salas y una semana después, el fin. Si la película no completó la media de espectadores,  es dada de baja.
 

Uno de los problemas con todo lo que sume industria más arte, es que no es lo mismo que producir cualquier otro producto. Es decir, si un empresario decide fabricar remeras, va a hacer las remeras que los clientes quieren comprar y listo. Si está de moda el rojo, bueno, hace remeras rojas, si prefieren el azul, cambia el color.
 

En cambio, con los productos culturales, la repetición de la misma propuesta hasta el infinito, reditúa a nivel económico, pero a la larga se agota.
 

Así se terminan haciendo productos muy parecidos a la televisión, pero que recaudan mucho “y eso ayuda a dar trabajo, generar ingresos, y que se hagan más películas”. Pero por el otro lado, se termina haciendo films que no aportan nada, que llevan gente, sí, pero también es sabido que para hacer algo nuevo, hay que probar y hacerlo significa muchas veces perder, “el que no arriesga no gana”.

Volver al pasado

Lejos quedaron las épocas doradas del cine de los ´30 y ´40 en las que Argentina tenía una sólida industria cinematográfica, conquistaba mercados latinoamericanos y peleaba palmo a palmo su territorio con México.
 

También se evaporó ese momento dorado en el que millones de personas iban a ver un estreno de Leonardo Favio o Leopoldo Torre Nilsson contando la vida de San Martín.
 

Pero es un error medir con la vara del pasado, porque no se puede trasladar aquello que se daba en ciertas circunstancias irrepetibles. ¿Qué era el cine en 1960? Un proyector de material fílmico, butacas, una pantalla. Hoy es mucho más.
 

La tecnología ha generado un cambio absoluto en el concepto de esta industria y de muchas otras, como la discográfica. En la actualidad, ver cine es también tener un Home Theater, un sistema que incluye proyección digital y sonido en cada hogar que pueda pagarlo.
 

El cine es también televisión por cable, una computadora, un reproductor de DVD, copia ilegal de películas, venta callejera, descarga a través de Internet, entre otras formas todavía más impuras como reproductores de Mp4.
Muchas salas comerciales ya no proyectan en 35 mm, el formato clásico de mejor calidad para ver cine, sino que lo hacen en otros como Betacam o DVD.
 

Hace 40 años, la única forma de ver cine era pagando una entrada e ingresando a una sala en el día y horario en que se proyectaba. Nada más.
En cambio, el argumento que actualmente se maneja es, ya que esa película no me va a cambiar la vida, puedo comprarla en la calle y esperar a verla en mi cama, el próximo domingo, sin atarme a horarios o traslados.
Pero los desafíos a los que se enfrenta el cine argentino, ¿pueden reducirse a la problemática de la tecnología?

Una sala oscura

El cine argentino atraviesa una situación particular, en la que existe una importante producción de películas pero cuyos resultados en las salas son muy magros. Esto no es sólo para las películas de factoría nacional sino para todas en general. El público le está dando la espalda no sólo al cine, sino también a los festivales y ni hablar de los videoclubes.
 

Indagar un poco en los ranking de películas más vistas, de entre las cuales se estrenaron más de 70 argentinas, nos pueda tal vez, permitir un poco de luz en una sala que se pone cada vez más oscura.
 

En 2008, de todas las posibilidades que había para pagar una entrada, el público eligió Un novio para mi mujer, con Adrián Suar dirigida por Juan Taratuto, el mismo de las exitosas ¿Quién dice que es fácil? y No sos vos, soy yo.
 

Este film de Patagonik Film Group, se alzó con algo más de 1.400.000 espectadores, convirtiéndose en el más visto de los nacionales. Para buscar el segundo hay que remontarse muy abajo en el ranking, con High School Musical, el desafío, que fue la elección de unos 500 mil asistentes.
Y le siguen 100 % lucha y bastante atrás El nido vacío de Daniel Burman, Motivos para no enamorarse, otra comedia de Mariano Mucci y Leonera de Pablo Trapero, entre otras, teniendo en cuenta que no superaron los 300 mil espectadores.
 

La más vista fue un tanque norteamericano, Kung Fu Panda,  con  1.527.408 personas, seguida por Un novio…, Batman, el caballero de la noche, Wall-E  y Madagascar 2, respectivamente, lo que denota los gustos del público en la boletería.
 

Al momento de competir con las más de 150 copias en 35 mm de Kung Fu Panda (El código Da Vinci tuvo 208) que se reparten por cines, una producción nacional tiene muy poco que hacer.
 

Si a eso se le suma la escasez de recursos al momento de dar difusión a la obra, los problemas se agudizan, pero es bien sabido que en productos culturales no todo es cuestión de propaganda, sino que hay un componente que nunca puede ser del todo definido: la elección del público.

Apoyos, subsidios e industria

La explosión del Nuevo Cine Argentino a fines de los noventa se dio tal vez por la conjunción de varios elementos: el acceso a tecnologías de menor costo, la aparición de una gran cantidad de escuelas de cine y estudiantes ansiosos por aprender y una política de apoyo por parte del INCAA a nuevos realizadores.
 

Esa amalgama dio por resultado un momento excepcional en el cine de los últimos tiempos. Pero como en una receta, cuando alguno de los ingredientes falta, el resultado aparece con diferente sabor.
 

Hoy, el Nuevo Cine ha quedado casi como una marca de época y busca nuevos rumbos, situación lógica a más de 10 años del estreno de Pizza, Birra,  Faso de Bruno Stagnaro y  Adrián Caetano, inicio oficial de ese movimiento.
 

El INCAA se nutre de un porcentaje de la publicidad en televisión y de las entradas vendidas en los cines, y a una baja en ambas, le sigue menos dinero para hacer películas.
 

Esta situación, sumada a un plan de fomento que tenía como 14 años, requirió cambios que se han dado en los últimos tiempos, que incluyen un aumento en los subsidios que puede recibir un largometraje y su extensión a medios de exhibición electrónicos, ya que antes sólo era para películas en 35 mm, que incluyen ficción, documental y animación. También se ampliaron las posibilidades a directores con más trayectoria para que pudieran presentar una mayor cantidad de proyectos a ser subsidiados por el Instituto.
 

A su vez se envió al Congreso un proyecto de ley para que la actividad cinematográfica deje de ser considerada un servicio, como lo es ahora, y pase a tener rango industrial, lo que permitiría acceder a programas de fomento y exportación, similares a las otras ramas de la industria.
Algunos directores, con varios films estrenados y críticos de algunos pocos medios, se han venido quejando sobre lo que consideran una excesiva ayuda a realizadores nóveles. Aducen falta de historias y experimentos sin sentido en el cine nacional.
 

Sin lugar a dudas ha faltado rumbo en mucho del cine de los últimos años, pero tampoco vamos a creer que la esperanza está toda depositada en las generaciones anteriores.
 

El futuro parecería residir en un equilibrio entre estas dos propuestas, pero con la mirada en el afianzamiento de una industria que requiere trabajadores calificados que desempeñen su labor con continuidad, y sueldos acordes al mercado.
 

Una balanza entre el producto netamente comercial, que no pretende indagar demasiado y un cine que se atreva a buscar nuevos caminos, que tarde o temprano, será absorbido total o parcialmente por el gran público.

No sos vos, soy yo

Y es en este punto donde volvemos al espectador. Es él quien decide qué ver y pagar su entrada. ¿Puede sólo el argumento de falta de información o disponibilidad del film lo que motive a un millón y medio de personas a ver la tercera película de Taratuto?. Y no  quiere decir que “esté mal verla”. El punto es, ¿por qué esa sola? ¿Por qué la siguiente más vista es High School Musical, versión argento?
 

Me puede gustar o no Un novio…, me puede hacer reír, la puedo disfrutar y luego acceder a un tipo diferente de cine, que me diga otras cosas, que tome riesgos y me aporte nuevos conceptos y puntos de vista.
 

Pero al parecer, gran parte del público prefiere quedarse con sólo un lado de la moneda. En vez de tener todo, se queda con una parte.
 

Y el cine es una industria donde el espectador es la clave, es tiempo de que la responsabilidad se derrame un poco más a todos los que son partícipes de esta industria. Porque como en cualquier emprendimiento empresario y también, en este caso, artístico “el que no arriesga no gana”.
 

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