BREVES
Causa Noble: "La resolución de Bergesio es inentendibe"
Así lo expresó a P&M el abogado de la familia Lanoscou, Pablo Llonto, respecto del pronunciamiento del magistrado, quien, luego de enviar las muestras al Banco Nacional de Datos Genéticos, resolvió que se debía cumplir con la ley que ordena que eso se realice. Según Llonto, "la táctica de los abogados de Noble, con el guiño del juez, es dejar pasar el tiempo porque si ella muriera, ya no quedarían culpables".
Revista #24 Febrero 2009 > América Latina
Tercamente atleta
Inquieto maratonista, ciclista y militante, Martín Sharples es uno de los deportistas discapacitados argentinos habitualmente ignorados. En enero pasado, con su bicicleta, cubrió el recorrido La Habana- Santa Clara (477 kilómetros) para brindar su homenaje a los 50 años de la revolución cubana. Aquí sus vivencias.
Por Pablo Llonto
Algún día, en alguna parte del vaporoso periodismo deportivo, alguien se ocupará de sus agilidades felinas, sus paciencias, sus impulsos de guerreros; alguien se ocupará de los atletas olvidados.
De algunos de ellos, como del Martín Sharples de esta nota, apenas susurran su nombre en dos o tres rincones de las redacciones.
Sharples es maratonista y ciclista. Fue rugbier. En palabras de hoy, atletas con capacidades diferentes. En palabras de siempre, un atleta discapacitado.
A los 27 años, por un accidente de tránsito, debieron amputarle la pierna izquierda. Pocos médicos, en 1993, pensaban que podría correr con una prótesis.
Hoy Sharples ha regresado de Cuba. Fue con su bicicleta, apodada Pata Loca (el sobrenombre que había elegido para él una de sus amigas, fallecida) a sumar deporte en el homenaje a los 50 años de la Revolución. A insistir con aquello del mundo distinto.
“La idea surgió hace poco más de un año, cuando terminé una travesía entre Bolivia y la Argentina para estar presente en el 40 aniversario del asesinato del Che Guevara. Me propuse entonces viajar a Cuba en diciembre de 2008 y quedarme hasta enero de 2009 para unir las ciudades de Santiago de Cuba y La Habana con mi bicicleta. Sería mi homenaje a los 50 años de la Revolución Cubana”.
Fuerte crítico de ciertos asuntos cotidianos, Sharples llegó a Cuba sin que allá supieran que era el corredor de las protestas en los podios (fue de los primeros en exigir igualdad de trato en la premiación de maratonistas), el atleta que repudió en las conferencias a Cassanello (intendente de la dictadura que manejó hasta octubre pasado el Comité Olímpico Argentino), el héroe de la maratón de Roma en homenaje al atleta argentino desaparecido Miguel Sánchez (los medios italianos destacaron en fotos su llegada con la prótesis rota, en la mano).
“Arranqué el sueño en La Habana, luego pasé por Matanza y por varios pueblos de poca población. La única playa que toqué fue Girón por el valor histórico del lugar porque quería evitar el recorrido por zonas turísticas o balnearios internacionales ya que no era el sentido de mi travesía. Pasé por Cienfuegos y luego por Santa Clara, a 477 kilómetros de la capital cubana, la ciudad en la que el Che libró la última de sus batallas antes de ingresar triunfantes a La Habana. En Santa Clara está el monumento al Che donde descansan los restos del guerrillero argentino. Allí decidí cortar el plan inicial, finalizar el trayecto y dejar mi bicicleta en Santa Clara en obsequio a los cubanos”.
La nota no dice todo lo que es. Seguramente aquí se mencionan algunas transparencias. Interesaba mostrarlo vencedor, no de oros, ni de platas, sino de memorias, de ojos brillantes, de gritos en la oscuridad. Era bueno tenerlo de protagonista, pero también de espectador:
“En Santa Clara se me acercó el historiador Arístides Rodón Velázquez, un profesor del Pedagógico y guevarista hasta la médula. Cuando le conté mi historia ya tenía a quién dejarle mi bici. Le expliqué que mi idea era que “Pata Loca” se quedara en Cuba y fuera utilizada con fines solidarios. Arístides me prometió que primero la usaría para ir a dar clase y que en unas semanas más buscará darle un destino que me sorprenderá. A muchos cubanos les conté de las injusticias argentinas y vi a varios con los ojos llenos de lágrimas cuando les hablaba de nuestros desaparecidos. Creo que los cubanos sienten el sufrimiento del otro como propio, quizás producto de aquella enseñanza del Che a sus hijos: "sientan las injusticias en cualquier parte del mundo como propias, ésa es realmente la mayor virtud de un revolucionario".
“En Ciro Redondo me encontré con un combatiente llamado Moro, quien había peleado junto al Che. Yo estaba en un ex basural convertido en zona agraria y sacaba unas fotos. El hombre se me acercó y me preguntó por mi historia. Cuando le conté me dijo: ‘hermano a ti deberíamos condecorarte por tu hazaña’. Yo le contesté que el mejor premio había sido conocer un combatiente como él. Esta persona, señalando el lugar me explicó “aquí no había nada y sólo por ser negro te mataban y si tenías suerte podías nacer, pero sin nada de apoyo en salud”. Y en Aguada de pasajero, un lugar de 50.000 habitantes, me dio alojamiento un señor que me dijo con orgullo ‘mi hija gracias a la revolución es médica y es la representante de salud y tenemos que contarte que en el año no tuvimos ninguna muerte por nacimiento, por enfermedad o desnutrición. Yo sólo atiné a decirle las cifras de muertes infantiles y desnutrición en nuestro país”.
En 2007 hizo el trayecto La Higuera-Buenos Aires (3.143 kms. en dos meses), en 2008 corrió Buenos Aires-Rosario (340 kms.) para el 80 aniversario del nacimiento del Che. Podría decirse que todos los santos días Sharples busca las puertas de un nuevo desafío. Ni calmo, ni triste, alma viva de los deportistas envueltos en deporte y no en billetes, Sharples, jamás inclinado, ha producido el milagro de atraer algo de luz hacia un atleta olvidado.
Por Pablo Llonto
Algún día, en alguna parte del vaporoso periodismo deportivo, alguien se ocupará de sus agilidades felinas, sus paciencias, sus impulsos de guerreros; alguien se ocupará de los atletas olvidados.
De algunos de ellos, como del Martín Sharples de esta nota, apenas susurran su nombre en dos o tres rincones de las redacciones.
Sharples es maratonista y ciclista. Fue rugbier. En palabras de hoy, atletas con capacidades diferentes. En palabras de siempre, un atleta discapacitado.
A los 27 años, por un accidente de tránsito, debieron amputarle la pierna izquierda. Pocos médicos, en 1993, pensaban que podría correr con una prótesis.
Hoy Sharples ha regresado de Cuba. Fue con su bicicleta, apodada Pata Loca (el sobrenombre que había elegido para él una de sus amigas, fallecida) a sumar deporte en el homenaje a los 50 años de la Revolución. A insistir con aquello del mundo distinto.
“La idea surgió hace poco más de un año, cuando terminé una travesía entre Bolivia y la Argentina para estar presente en el 40 aniversario del asesinato del Che Guevara. Me propuse entonces viajar a Cuba en diciembre de 2008 y quedarme hasta enero de 2009 para unir las ciudades de Santiago de Cuba y La Habana con mi bicicleta. Sería mi homenaje a los 50 años de la Revolución Cubana”.
Fuerte crítico de ciertos asuntos cotidianos, Sharples llegó a Cuba sin que allá supieran que era el corredor de las protestas en los podios (fue de los primeros en exigir igualdad de trato en la premiación de maratonistas), el atleta que repudió en las conferencias a Cassanello (intendente de la dictadura que manejó hasta octubre pasado el Comité Olímpico Argentino), el héroe de la maratón de Roma en homenaje al atleta argentino desaparecido Miguel Sánchez (los medios italianos destacaron en fotos su llegada con la prótesis rota, en la mano).
“Arranqué el sueño en La Habana, luego pasé por Matanza y por varios pueblos de poca población. La única playa que toqué fue Girón por el valor histórico del lugar porque quería evitar el recorrido por zonas turísticas o balnearios internacionales ya que no era el sentido de mi travesía. Pasé por Cienfuegos y luego por Santa Clara, a 477 kilómetros de la capital cubana, la ciudad en la que el Che libró la última de sus batallas antes de ingresar triunfantes a La Habana. En Santa Clara está el monumento al Che donde descansan los restos del guerrillero argentino. Allí decidí cortar el plan inicial, finalizar el trayecto y dejar mi bicicleta en Santa Clara en obsequio a los cubanos”.
La nota no dice todo lo que es. Seguramente aquí se mencionan algunas transparencias. Interesaba mostrarlo vencedor, no de oros, ni de platas, sino de memorias, de ojos brillantes, de gritos en la oscuridad. Era bueno tenerlo de protagonista, pero también de espectador:
“En Santa Clara se me acercó el historiador Arístides Rodón Velázquez, un profesor del Pedagógico y guevarista hasta la médula. Cuando le conté mi historia ya tenía a quién dejarle mi bici. Le expliqué que mi idea era que “Pata Loca” se quedara en Cuba y fuera utilizada con fines solidarios. Arístides me prometió que primero la usaría para ir a dar clase y que en unas semanas más buscará darle un destino que me sorprenderá. A muchos cubanos les conté de las injusticias argentinas y vi a varios con los ojos llenos de lágrimas cuando les hablaba de nuestros desaparecidos. Creo que los cubanos sienten el sufrimiento del otro como propio, quizás producto de aquella enseñanza del Che a sus hijos: "sientan las injusticias en cualquier parte del mundo como propias, ésa es realmente la mayor virtud de un revolucionario".
“En Ciro Redondo me encontré con un combatiente llamado Moro, quien había peleado junto al Che. Yo estaba en un ex basural convertido en zona agraria y sacaba unas fotos. El hombre se me acercó y me preguntó por mi historia. Cuando le conté me dijo: ‘hermano a ti deberíamos condecorarte por tu hazaña’. Yo le contesté que el mejor premio había sido conocer un combatiente como él. Esta persona, señalando el lugar me explicó “aquí no había nada y sólo por ser negro te mataban y si tenías suerte podías nacer, pero sin nada de apoyo en salud”. Y en Aguada de pasajero, un lugar de 50.000 habitantes, me dio alojamiento un señor que me dijo con orgullo ‘mi hija gracias a la revolución es médica y es la representante de salud y tenemos que contarte que en el año no tuvimos ninguna muerte por nacimiento, por enfermedad o desnutrición. Yo sólo atiné a decirle las cifras de muertes infantiles y desnutrición en nuestro país”.
En 2007 hizo el trayecto La Higuera-Buenos Aires (3.143 kms. en dos meses), en 2008 corrió Buenos Aires-Rosario (340 kms.) para el 80 aniversario del nacimiento del Che. Podría decirse que todos los santos días Sharples busca las puertas de un nuevo desafío. Ni calmo, ni triste, alma viva de los deportistas envueltos en deporte y no en billetes, Sharples, jamás inclinado, ha producido el milagro de atraer algo de luz hacia un atleta olvidado.
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