BREVES
Causa Noble: "La resolución de Bergesio es inentendibe"
Así lo expresó a P&M el abogado de la familia Lanoscou, Pablo Llonto, respecto del pronunciamiento del magistrado, quien, luego de enviar las muestras al Banco Nacional de Datos Genéticos, resolvió que se debía cumplir con la ley que ordena que eso se realice. Según Llonto, "la táctica de los abogados de Noble, con el guiño del juez, es dejar pasar el tiempo porque si ella muriera, ya no quedarían culpables".
Revista #24 Febrero 2009 > América Latina
La pachanga del Caimán
Por Luis Freitas
En 1966 el diario Juventud Rebelde incorporó un suplemento cultural con el simpático nombre de El Caimán Barbudo. Mensual y en formato tabloide, sus páginas siempre fueron plataforma de lanzamiento para los jóvenes creadores. Su irreverencia y el fervor con el que defendían sus posiciones, muchas veces los enfrascaron en polémicas con funcionarios del gobierno. 2010 charló con Fidel Díaz Castro y con Rafael Grillo, director y editor de este caimán que sobrevivió a los avatares políticos y económicos de la isla y que aún hoy sigue coleando.
¿Cuál fue la idea motora de “El Caimán Barbudo”?
El arranque de la revista significó una suerte de “lanzamiento generacional” de un grupo de muy jóvenes, talentosos e inquietos intelectuales, cuyo interés era el de interactuar con las nuevas condiciones derivadas del triunfo revolucionario a partir del análisis intenso del arte y el pensamiento cubanos. Ellos llegaron al acuerdo con los compañeros de la dirección de la Unión de Jóvenes Comunistas para echar a andar su proyecto desde las páginas del periódico que representa a esa organización.
¿Qué tirada tenía? ¿Cuántas páginas?
En aquellos primeros tiempos, la tirada de El Caimán debe haber estado por los 60 u 80 mil ejemplares; en otros momentos alcanzó cifras de 50 mil, y hasta de 100 mil. La cantidad de páginas fluctuó, hasta estabilizarse en 32 páginas y ediciones con frecuencia mensual. Luego de unos años sin salir a comienzos de los 90, por causa de la cruda situación económica que el país sufrió tras el derrumbe del campo socialista, regresó a mediados de esa década con una tirada de 20 mil ejemplares, en ediciones bimensuales, de 32 páginas, y en el mismo formato tabloide y con papel gaceta, como se ha impreso siempre, y que a su equipo de realizadores nos ha gustado mantener.
¿Quiénes integraban la primera redacción?
Su primer director fue Jesús Díaz, que por entonces había obtenido el premio Casa de las Américas por el libro de cuentos “Los años duros” y luego escribiría una novela importante como “Las iniciales de la tierra”. Figuras decisivas en el núcleo inicial de la redacción fueron Guillermo Rodríguez Rivera, Luis Rogelio (Wichy) Nogueras, Víctor Casaus; y “el Gallego” Posada, ilustrador que creara el logo que desde siempre ha identificado a la revista. Poetas y periodistas como Félix Contreras, Froilán Escobar, Félix Guerra, y figuras de la filosofía y la sociología como Fernando Martínez Heredia, Aurelio Alonso, estuvieron entre los colaboradores cercanos de esos comienzos. En el aspecto visual contó con el diseñador Ayús, y la participación de artistas de la gráfica como Nuez y Chago Armada. También puede señalarse que la primera generación de artistas plásticos formados en las Escuelas de Arte de la Revolución tuvo su espacio en la revista. Nos referimos a nombres hoy establecidos como los de Nelson Domínguez, Zaida del Río, César Leal y Ever Fonseca, entre otros.
¿Cómo es el lector tipo de la revista?
Siempre “El Caimán Barbudo” se ha dirigido a personas con inclinaciones hacia la creación en las distintas esferas del arte y la literatura y también a todo el lector interesado por el acontecer cultural cubano; e incluso el internacional, pues la revista tiene varias secciones que posibilitan el acercamiento hacia las vanguardias universales. Aunque su acento característico reside en la voluntad de promocionar la zona más joven de la creación, y las propuestas emergentes o las llamadas “alternativas”, por desmarcarse de las corrientes más promocionadas por los circuitos de difusión y el mercado. En cuanto a sus enfoques y su lenguaje, pretende conectarse con los públicos de cualquier edad y sector social, pero esta comunicación es más fluida con aquellos lectores de marcados intereses cognoscitivos y preocupaciones por la reflexión sobre temas socioculturales. Nos interesa mucho, además, lograr el contacto con ese lector joven que puede encontrarse, sobre todo, dentro de los ámbitos universitarios.
¿Qué temas abordan? ¿De qué manera?
Algo que ha distinguido al Caimán Barbudo de otras publicaciones culturales cubanas de estos años es que centra su interés menos en las cuestiones estéticas en sí mismas (la visión del arte por el arte) que en la relación de las distintas manifestaciones artísticas con el contexto social, económico y político del país, y la manera en que estas reflejan el acontecer cotidiano. Digamos que su mirada es más sociológica, y entre sus preocupaciones está el servir como vehículo para la formación del gusto popular y el enriquecimiento intelectual y espiritual. Por ello ha sido frecuente que nos ocupáramos de la crítica y análisis de los espacios y productos culturales que ofrecen los medios de difusión masiva y las instituciones. Una característica de los primeros años de la revista fue que la efervescencia en el ámbito latinoamericano atrajo la colaboración de reputados escritores como el poeta salvadoreño Roque Dalton, el uruguayo Mario Benedetti, o el argentino Julio Córtazar, de quien se publicó su cuento “Reunión”, dedicado al Che Guevara. Por entonces, se publicaron páginas de homenaje tras la muerte de poetas como el peruano Javier Heraud y el argentino Oliverio Girondo. Esa tradición la hemos retomado en el último lustro de la revista, aparejado al retorno de la utopía de una integración latinoamericana y el desplazamiento hacia la izquierda de varios países del continente. Así, El Caimán Barbudo ha publicado en los últimos tiempos a escritores de Argentina, Chile, Costa Rica, al Premio Nacional de Literatura puertorriqueño Luis López Nieves (prácticamente descubierto para el lector cubano gracias a nosotros) y se han dedicado reportajes a relevantes intelectuales como Rodolfo Walsh y Paco Urondo, justo en el momento en que la sociedad argentina lucha contra la impunidad de los ángeles de la muerte de la época de la dictadura militar.
¿Cómo influyó en la revista, la política cultural de la Revolución?
La revista es un producto de esa política cultural, que más que un conjunto de principios, es un misterio que todos creemos conocer sin que tengamos conocimiento de ese “texto programático”, suerte de “ley no escrita”. En diversos discursos, congresos de intelectuales y el funcionamiento de las instituciones culturales, se ha ido perfilando una esencia en la que resaltan principios como la protección y promoción del arte de auténticas raíces nacionales y el portador de valores universales, o la defensa de la cultura latinoamericana y tercermundista, en una posición de trinchera contra la avalancha de productos culturales destinados al simple entretenimiento y el embotamiento mental de los pueblos, que intentan globalizar los grandes emporios mediáticos. Por supuesto que esa política cultural ha sufrido sus vaivenes y las páginas de la revista han sido reflejo de estos cambios, en donde ha habido etapas de incomprensiones y manejos absurdos, en contraste con otras de mayor lucidez y apertura por parte de las instituciones y autoridades de la cultura y el Estado.
¿Qué relación tenían con, por caso, la Nueva Trova Cubana?
La Nueva Trova, desde sus orígenes, está estrechamente vinculada con “El Caimán Barbudo”, no sólo por aparecer los cultores de este movimiento en sus páginas, sino porque estuvieron desde siempre integrados al ambiente intelectual que gravita sobre la publicación. Nuestra revista ha sido un punto de encuentro de poetas, escritores, pintores, ensayistas, trovadores, en el que el intercambio de expresiones ha alimentado sus poéticas y creaciones. Ese propio movimiento generó, por ejemplo, el concierto “Teresita y nosotros”, en el Museo Nacional Bellas Artes, donde hizo su primera presentación pública Silvio Rodríguez. El “nosotros” que titula el concierto es precisamente la pandilla del Caimán. Las siguientes generaciones de la Trova, como representantes de un tipo de canción inteligente y sensible, siguen siendo una constante preferencial en las funciones promocionales de la publicación.
Desde sus inicios fueron creativos e irreverentes ¿eso fue mal visto por los dogmáticos?
En cualquier época y rincón del mundo, los creativos e irreverentes han sido y serán mal vistos por los dogmáticos. El Caimán no podía ser excepción, y así hemos arrastrados nuestro “mitos y leyendas”; negras para esa porción de intolerantes, luminosas para los de pensamiento más abierto y plural.
Cierta burocracia y oportunismo ¿son tan peligrosos como el enemigo foráneo?
Todos los enemigos representan peligros. El burócrata y el oportunista distorsionan, censuran y frenan la obra creativa; construyen herejes y desencantados. Pero los foráneos también causan estragos, enrareciendo el ambiente mediante bloqueos y amenazas, prohibiciones, políticas sucias que buscan el “divide y vencerás”, desinformación y manipulación mediática. No creemos que sea posible establecer una jerarquía absoluta de si unos son más peligrosos que otros. Vale, incluso, reflexionar en cuánto han contribuido a no poca parte de esos males internos, el ataque constante de los enemigos externos. Esa fijación en el asedio imperial y la oposición foránea, nos ha puesto la cosa más difícil para batallar contra esos lobos internos que a veces llegan disfrazados de corderos.
¿Cuál fue el rol de Casa de las Américas y el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos?
“El Caimán Barbudo”, salvo por los artículos en que se pueda haber abordado la labor de estas instituciones, no ha tenido una relación directa con ellos; salvo en la comunidad alrededor de ciertos objetivos. Como cuando ante los prejuicios y esquematismos de los directivos del ICRT (Instituto Cubano de radio y TV), en aquellos finales de los 60, acogieron a los trovadores e impulsaron su trabajo creativo. Haydée Santamaria y Alfredo Guevara, dos funcionarios de la más alta categoría y méritos personales dentro de la lucha revolucionaria, fueron quienes protagonizaron ese apoyo ante incomprensiones y burocratismos. El Caimán sí ha divulgado ampliamente, por ejemplo, los eventos más significativos de estas instituciones, como el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano; y en los últimos años se ha hecho eco igualmente del movimiento de nuevos realizadores del audiovisual que han comenzado a crear sus filmes de manera independiente al ICAIC.
¿Qué tipo de iniciativas desarrolló la revista, más allá del hecho editorial?
El Caimán ha visto su rol más allá del simple hecho de ser una revista cultural impresa, que a tono con la era de Internet tiene su versión digital: www.caimanbarbudo.cu. De modo que la revista se promueve mediante abundantes lanzamientos en espacios culturales y educativos, en los que siempre interviene el suceso musical. Igualmente fue durante muchos años auspiciadora de un premio literario que llegó a alcanzar gran resonancia y hasta otorgaba premios en Festivales de Cine. Hoy hemos vuelto a tomar esa rica tradición y en los últimos años hemos lanzado convocatorias a premios en ilustración, narrativa, poesía. Además, los integrantes de la revista hemos participado en la preparación de libros. Un ejemplo son los volúmenes “Cualquier flor”, sobre la trova tradicional, y “Una guitarra, un buen amor”, acerca de la Nueva Trova. También hemos editado CDs y tarjetas postales, conjuntamente con el apoyo a la organización y difusión de muchísimos eventos culturales.
¿Qué relación mantuvo la generación del Caimán en los primeros años de la Revolución con los intelectuales y artistas de la primera hora?
Cuando la revista se funda, en 1966, apenas tiene un lustro la Revolución, y la edad de aquellos iniciadores del Caimán es cercana, incluso, a la de los guerrilleros que bajaron de la Sierra. Fue esa una época de rupturas con el pasado, de grandes transformaciones económicas y políticas, donde los jóvenes creadores y artistas se propusieron renovar los lenguajes del arte y la literatura, adaptándolos a las nuevas condiciones del país y a una visión diferente sobre la función de la cultura, en que ésta debía acercarse más a las masas populares y a las expresiones nacionales. En este panorama se dan radicalismos, se desatan grandes pasiones, en definitiva, se trataba del nacimiento de un mundo nuevo, en donde se iban tomando medidas en muy corto tiempo, que estimulan debates y cuestionamientos. En ese navegar abrupto hubo posiciones cerradas y extremas, de las que no escaparon tampoco los propios creadores del Caimán y muchos de los mejores intelectuales del momento.
¿Cómo fue el proceso de independización de Juventud Rebelde?
Realmente no puede decirse que hubiera un “proceso”, que implicara dramáticas rupturas. Desde la salida a la calle de la publicación y por el impacto que tuvo, se hizo obvio que ese suplemento tenía un carácter propio, y por el peso específico que fue ganando, desbordó pronto su función primera de suplemento, y su conversión en una revista cultural aparte era inevitable y necesaria.
¿Qué cambios importantes sufrió la publicación, desde sus inicios hasta la actualidad?
El influjo de las distintas épocas ha gravitado sobre la revista, como es de esperar. Y si empezó como suplemento y pasó luego a revista mensual, también padeció un período de desaparición, cuando la crisis derivada de la caída del campo socialista fulminó a la economía cubana en el comienzo de los 90. Pero ya a mediados de esa década reapareció, y desde entonces hasta hoy ha mantenido la frecuencia bimestral y una tirada de 20 mil ejemplares. El resto de los cambios ha tenido que ver con sus hacedores en los distintos momentos y los rasgos distintivos de esos períodos en el acontecer cultural.
¿Hubo ediciones polémicas, que de alguna manera los enfrentaron al gobierno?
Las polémicas han abundado, en la actualidad siguen, y esperamos que sean eternas, porque eso da una idea de la vitalidad de la revista y su capacidad de estar resonando en frecuencias similares a la de cada momento que vive el país. Toda vanguardia artística y de pensamiento tiene que luchar contra códigos y cánones establecidos; y esa inevitable ruptura con lo asentado conlleva reticencias de diversos factores sociales. No es que precisamente haya habido enfrentamiento con las altas instancias del Estado o confrontación abierta con el gobierno; aunque sí han llovido los debates ya sea con otros grupos intelectuales, o con funcionarios y directivos de instituciones culturales o administrativas que han manifestado quejas a la publicación, insatisfechos con sus enfoques o los análisis críticos en los que se han sentido atacados. Por ejemplo, el primer consejo de redacción fue trasladado casi por completo a otras publicaciones tras intensas polémicas de la dirección del colectivo con funcionarios de la UJC, lo cual hizo que esa primera etapa de “El Caimán Barbudo” cesara tras el número 17. Estas polémicas partieron de discrepancias sobre hechos que nos pudieran parecer hoy intrascendentes; aunque quizás, de esos años, la más sonada fue a razón de la publicación de un crítica de Heberto Padilla sobre una novela del escritor Lisandro Otero, tras la cual se sucedieron réplicas y contrarréplicas entre el periodista, el escritor y el Consejo de redacción, hasta que cambiaron a varios de los integrantes de la revista en 1968. En los años 80 y 90, causó revuelo el intento de censurar una edición por su portada, en la que aparecía una caricatura de Fidel Castro, hecha por “el Gallego” Posada; pero en esa ocasión, tras la discusión con el funcionario del Partido Comunista de Cuba, opuesto a la publicación, se apeló a instancias superiores y se logró el apoyo de Carlos Rafael Rodríguez, un prestigioso intelectual y dirigente.
¿Cuál es el papel jugado por la revista en el desarrollo cultural de los jóvenes cubanos?
Un ejemplo está en que se llegara a distinguir entre la gente de la calle de un “lector del Caimán Barbudo”, para identificar a ese tipo de joven o de cubano en general, caracterizado por sus inquietudes culturales y su afán cognoscitivo, superior a la media. Y también el hecho de que nos hayamos asegurado durante años, justamente, un grupo de seguidores y colaboradores casi incondicionales, ya sea de creadores en el campo de la música, las artes visuales y escénicas, el cine y la literatura. Cuando El Caimán estaba celebrando sus cuarenta años de vida, en 2006, promovimos la realización de una presentación de la revista, acompañada de un concierto, en un área apartada del habanero Parque Almendares, conocida como “las Ruinas”. El día, invernal, pintaba feo por el frío y la lluvia; sin embargo, logramos una abundante concentración de público que acompañó las varias horas que duró el evento, hasta ya entrada la noche, a pesar de las difíciles condiciones climáticas. Sucesos como ese, son los que nos dan aliento y nos hacen sentir que El Caimán sigue coleando y todavía no han raleado sus barbas.
Páginas de un canto nuevo
En el editorial del primer número de marzo de 1966, la revista ponía blanco sobre negro su compromiso con el arte y con la Revolución. El Caimán Barbudo ha hecho acto de presencia. Obra de los jóvenes revolucionarios, estará, como ellos, comprometido sólo con la Revolución, con su Partido, que es igual a estar comprometido con la verdad y con el arte. El arte verdadero no ha sido ni podrá ser jamás contrarrevolucionario. Conscientes de nuestra profunda militancia, y de que los dogmas no han hecho siempre sino frenar el desarrollo de la cultura, alentaremos la investigación en todas las esferas sin olvidar que somos hombres de una época, hombres de una Revolución, hombres de la Revolución Socialista de Cuba, y que a ella nos debemos. Creemos, con Machado, que escribir para el pueblo es llamarse Cervantes en España, Shakespeare en Inglaterra, Tolstoi en Rusia; creemos, con Lenin, que la cultura nueva solo puede ser desarrollada conociendo con precisión la cultura que ha creado la humanidad en toda su historia y transformándola; creemos, con Martí, que no hay igualdad de derechos sin igualdad de cultura; creemos con Fidel, que debe ser preocupación fundamental de la Revolución el desarrollo espiritual del hombre nuevo. Órgano de los jóvenes, sea éste un llamado a la colaboración y a la crítica. Sabemos que el arte no está divorciado de la vida, nuestra publicación tratará de literatura y de política; de artes plásticas y de filosofía. Así, comprometidos con la Revolución y con el arte hasta la médula de los huesos, entonaremos desde estas páginas el canto nuevo, alegre y triste, esperanzado y cierto de los constructores.
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