BREVES

Cátedra Libre por el Pensamiento Nacional

Revista 2010 tiene el agrado de invitar a la charla sobre "Medios de Comunicación y la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual  en el Bicentenario de la Patria", organizada por la Cátedra Libre por el Pensamiento Nacional y Popular  “Rodolfo Achem y Carlos Miguel” en la que disertarán el Ing. Alberto Cantero Gutiérrez, el Lic. Alejandro Verano y Néstor Busso.

 

La misma se llevará a cabo en el Salón del Consejo Superior  de la Universidad de La Plata, Edificio del Rectorado, sito en 7- 47 y 48,  1º Piso, el día  martes 17 de agosto de 2010 a las 19 hs.

Ing. Alberto Cantero Gutiérrez- Diputado Nacional (M.C.). Director de Radio y Televisión Sociedad del Estado.  Fue Intendente de la ciudad cordobesa de Río Cuarto y Rector de la Universidad Nacional de Río Cuarto.

Lic. Alejandro Verano- Licenciado en Periodismo y Comunicación Social. Director de Radio y Televisión Argentina (RTA). Fue Decano de la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata.


Néstor Busso-
Presidente del Consejo Federal de Comunicación Audiovisual (COFECA). Presidente de FARCO (Foro Argentino de Radios Comunitarias). Vicepresidente de ALER (Asociacion Latinoamericana de Educación Radiofónica).

 

Revista #24 Febrero 2009 > América Latina

Cuba en la mirada de los otros

Un recorrido por algunas de las películas realizadas por directores extranjeros que hablan sobre Cuba. A lo largo de los años Cuba ha representado un enigma y un sueño. ¿Cómo era entendida la isla en los ´60 y cómo lo es ahora? Una mirada donde el pasado se confunde con el presente mientras el tiempo pareciera limar las más profundas asperezas.


Por Joaquín Almeida

La historia de Cuba es una gran historia épica, la de un grupo de hombres que levanta a un pueblo, que derroca a un tirano. Una larga marcha a través de difíciles pruebas, hasta alcanzar la libertad.
Y como en todo relato de estas características, hay un muerto que es amado y extrañado, un héroe.
 

Pero a diferencia de la ficción, el final feliz no llega nunca, no porque no exista la felicidad en esa isla y en esos hombres que la forjaron, sino porque la historia continúa, sin final. Cuba fue, es y será algo que no sabemos y tratamos de explicar. Sobre todo los extranjeros.
 

Como un triángulo de las Bermudas que flota en el Caribe, todo el que pase sus ojos por la isla cae atrapado en ella, aunque más no sea para odiarla. A lo largo de los años numerosos directores, desde culturas diferentes, trataron de ver y expresar aquello que no se entiende. Películas que se animaron a descifrar el enigma que envuelve a Cuba.
   
El estereotipo cubano

El principal problema al que se enfrenta todo investigador desde el principio, todo aquel que quiere aprender algo por primera vez, es el de los preconceptos. Saberes ya constituidos que tomamos sin cuestionamientos, casi como naturales.
 

Para 1964, ya existía un estereotipo de lo cubano.
A principios de los ´60 el director ruso Mijail Kalatozov, llegó a la isla con el objetivo de reflejar en un film la revolución y ejemplificar en imágenes el apoyo que la URSS le estaba dando al gobierno cubano.
 

De su fría mirada surgió una las películas más extrañas que sobre Cuba se hayan realizado. Soy Cuba es un denso largometraje de casi dos horas y media que derrocha experimentaciones técnicas increíbles. Posee algunos de los planos secuencias más osados y largos de la historia del cine.
 

En uno de ellos, una cámara sigue una procesión donde se lleva un ataúd por una calle. La cámara lo sigue desde los balcones de los edificios, entra en los departamentos, atraviesa paredes y fábricas de cigarros hasta salir y mostrar desde lo alto a la multitud que acompaña al muerto.
 

En otra, desde el último piso de un hotel en plena Habana, inicia con un desfile de modas de la era Batista, desciende y recorre mesas con hombres y mujeres bebiendo, luego se  asoma hacia la ciudad y  termina sumergiéndose en una pileta.
 

La película se divide en varias historias prerrevolucionarias, con un granjero pobre que prefiere quemar su campo antes de que se apodere de él una empresa norteamericana, luego un grupo de estudiantes que luchan a favor de la revolución contra el régimen de Batista y finalmente en Sierra Maestra, donde granjeros se unen al Ejército Rebelde.
 

Estrenada en 1964, no le gustó a nadie. Ni a los rusos, ni a los cubanos, que dicen ya se quejaban entonces de los estereotipos sobre su gente y su cultura.
 

Calificado de “bodoque estetizante” por el comunismo realista, se guardó en un depósito hasta que comenzó a ser descubierto por algunos investigadores y llegó al estrellato de la mano de Scorsese y Coppola, fans del experimento. Luego, pasó por cuanto festival lo recibiera, junto al documental del brasileño Vicente Ferraz Soy Cuba: O Mamute Siberiano donde se narraban las peripecias del equipo de filmación y el derrotero de la película. En el documental, Alfredo Guevara, del  Instituto Cinematográfico de Cuba, se lamentaba porque cuando la película era subversiva, nadie quiso verla y ahora que es una pieza de arqueología, se rescata.  

Una fotografía de la isla
 

Pero si en el film de Kalatozov, una voz femenina encarnaba a la mismísima Cuba, mientras iba leyendo un texto con fuertes inclinaciones poéticas, la voz en off que habla en Salut le cubains de Agnes Varda, es más descriptiva y a la vez, alegre.
 

Varda es una directora belga, nacida en 1928, que influenció y se vio influenciada a la vez, por la Nouvelle Vague francesa. En 1963 viaja a Cuba y toma 4000 fotografías, seleccionando unas 1500 para realizar este film de 27 minutos que comienza con una muestra en el barrio parisino de Saint Germain des Prés.
 

Una cámara filma la exhibición y un grupo de salsa que ameniza la inauguración. Pero la imagen comienza a congelarse, hasta que la película sólo es un conjunto de fotografías que, pese a ser estáticas, al aparecer una detrás de otra generan una sorprendente sensación de movimiento.
Recorrer el estilo de vida cubano, es un denominador común en los films realizados por extranjeros. Genera misterio esa isla, habitada por hombres y mujeres que gustan de salir a la calle, hablar, bailar, estar alegres. Cómo ese pequeño grupo de personas, tan simpáticas, jugadoras de dominó,  se hicieron a las armas y le arrebataron la islas a los norteamericanos. Bailarines, orgullosos, valientes, pobres, con nada alcanzaron todo.
 

La genial Salut le cubains  recorre en sus pocos minutos, desde el pensamiento revolucionario de Fidel Castro hasta la moda de la mujer, los sombreros de los hombres, el baile y la música. Unos de los momentos más recordados es aquél en el que Benny Moré interpreta Que sólo las cubanas acaricien tu cara, mientras se mueve en las fotos.
 

Varda, atenta al arte, hace una importante diferencia con el régimen soviético. Luego de mostrar los trabajos de los artistas plásticos Raúl Millian y Rene Portocarrero, se refiere a artistas abstractos en un momento en el que como bien dice el film, Nikita Kruschev se había declarado en contra de esa tendencia de la pintura, a favor del realismo socialista. “Pero Cuba es un territorio libre”, dice, “Si nuestros pintores son revolucionarios, ¿quién les va a impedir ser abstractos?”.
 

Descriptivo también es el trabajo que Raymundo Gleyzer realizó para la televisión argentina en 1969. Militante del PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores),  creador del grupo Cine de Base y director entre otras de Swift, La tierra quema y Los traidores, donde narra la historia del asesinato de un personaje muy similar a Rucci a manos de una agrupación peronista casi idéntica a Montoneros.
 

Pero en esos primeros años, Gleyzer trabajaba para Telenoche de Canal 13 - Proartel, realizando informes especiales, incluso, y por primera vez, en las Islas Malvinas. En esta extensa nota sobre Cuba, exhibe los logros de la revolución en un resumen cronológico remarcando la reforma agraria, los avances en educación, la invasión en Playa Girón, la crisis de los misiles y la ya acaecida muerte del Che.
 

Lo que más parece sorprenderle es el trabajo voluntario, que se estaba realizando para intentar sacar a Cuba de su profunda crisis económica.
“Antes teníamos un patrón”, explica uno de los cañeros, trabajador de la industria del tabaco “que era el que nos explotaba. Ahora no tenemos quien lo haga, todo es para nosotros, soy un hombre de 67 años y ahora tengo casa gratis, servicios. Antes aspirábamos a vender periódicos, limpiar zapatos. Ahora mis hijos y mis nietos tienen porvenir, si quieren ser médicos, pueden serlo, si quieren ser técnicos también”
 

Y al igual que Varda, la música atrapó a este realizador. Presenta al cantante Bola de Nieve como el más importante de Cuba y lo filma de una manera íntima. Bola de nieve era un hombre negro y aquí lo ilumina tenuemente sobre un costado del rostro, con un plano cerrado, mientras toca el piano. Los gestos brotan en la cara, brillan los ojos y los dientes en la oscuridad.  

El pasado es el presente

Ry Cooder descubrió una nueva franquicia en Cuba, gracias a un grupo de músicos de los años 50, que ya estaba casi por completo olvidado. Como en un sueño, el guitarrista y productor, llevó a Compay Segundo, Eliades Ochoa, Omara Portuondo e Ibrahim Ferrer, entre otros al estrellato internacional, con recitales en Estados Unidos y Europa.  
 

Win Wenders transformó ese encuentro en película con Buena Vista Social Club, que tuvo muy buena aceptación del público, especialmente su banda sonora que se multiplicó en discos sobre cada uno de los integrantes, nuevos grupos y films similares.
 

Otra vez, Cuba era el pasado que resurgía, no en remeras o recuerdos de la épica revolucionaria, sino por la música. Y Buena Vista… era también, sin proponérselo, el reflejo de un momento especial para el país, donde el único futuro posible para muchos cubanos estaba en el exterior.
 

El turismo, los dólares, la green card norteamericana, los productores-directores-festivales que te llevaran afuera a trabajar. La caída de la URSS ya terminaba de dar sus últimos coletazos y la crisis económica  había venido para quedarse.
 

En la fallida Habana Blues del español Benito Zambrano, un grupo de músicos contemporáneos under cubanos es fichado por una productora musical española. Todos contentos, piensan en su futuro en Europa, con sueldos en euros. Pero el capitalismo es salvaje.
 

Una vez embarcados en el proyecto, la productora comienza a poner ciertos límites a las ideas musicales del grupo e impone un sonido más acorde a los gustos de la empresa.
 

Si bien en el diario El Mundo Zambrano reconoció que “la mirada de la película es ingenua y a veces hasta infantil, pero también quiere ser tierna y cariñosa”, se le puede al menos reconocer que reproduce un interesante ambiente artístico en La Habana, donde no todo es sufrimiento frente a la crisis.    
 

En Habana Blues algunos miembros deciden quedarse en Cuba, antes que alejarse de todo y prefieren pelear la crisis, pero caminar por el malecón mirando el mar.
 

El documental Cuba plástica de los argentinos Nicolás Batlle, Fernando Molnar y Sebastián Schindel, exhibe un breve recorrido por el arte en la Isla. Artistas plásticos que en sus obras reflejan la situación actual de la sociedad cubana, los medios de transporte públicos, los balseros o el racismo.
 

Este trabajo muestra también la situación de aquellos que venden o reciben dinero del exterior, cómo varía su situación económica y cómo la ostentación se ha convertido para algunos en un elemento de valor social.
 

El pequeño cortometraje húngaro Colores de Csilla Szigeti, aporta una mirada diferente sobre Cuba. El director observa la ciudad, sus gentes, los carros antiguos o las extrañas motonetas que funcionan como taxis, pero a partir de la premisa de los colores.
 

Articula el corto, dividiéndolo en episodios según en la imagen prevalezca el verde, azul, amarillo y rojo respectivamente. Una pared, unas ropas colgadas o un enorme ómnibus pintado de verde y tirado por un camión, sirven de disparador para un film que aborda a Cuba de acuerdo al color.

El sueño americano, el sueño cubano

En 1994 el periodista Carles Bosch y el cameraman Josep Maria Doménech, quienes trabajaban para el programa español 30 minutos, viajaron a Cuba para retratar a los balseros que se tiraban al mar, con el sueño de llegar a Estados Unidos o al menos ser rescatados por su guardia marina.
 

Así nació Balseros, el excepcional documental nominado al Oscar que acompaña a diferentes balseros desde el momento en que comienzan a armar sus botes, luego cuando se lanzan al mar, cuando son rescatados por la guardia marina, enviados a Guantánamo y finalmente ingresados a EEUU.
 

Cinco años después los realizadores vuelven a filmar para ver qué ha sido de aquellos hombres y mujeres en el país donde soñaron su futuro.
En plena crisis económica cubana, Estados Unidos decide dar asilo a todo aquél que llegue a las costas norteamericanas. Según algunas fuentes, fueron 50 mil las personas que se arriesgaron en gomas de auto o balsas armadas en la terraza de las casas.
 

El documental muestra cómo la partida era seguida por cientos de personas que acompañaban a los balseros, las despedidas y cmo algunos dejaban a sus hijos con tal de construir un futuro en Estados Unidos.
Una vez allí, la iglesia les encontraba trabajo en lugares como Connecticut, Texas o Albuquerque, donde los albergaban en hermosas casas de refugiados.
 

Cinco años después, unos habían logrado reunir la familia y trabajaban como repositores de supermercado, otros en una gomería con amigos locales y totalmente adaptados a la nueva cultura.
Los que tuvieron menos suerte se asociaron a la mafia cubana, se dedicaron a la venta de droga o se convirtieron al evangelismo más fanático. En la mayoría se percibía cierta desazón  y en otros franca desilusión, ante las dificultades que se les aparecían.
 

El documental no hace diferencias al momento de mostrar la pobreza en Cuba, con las casas que se caen a pedazos y los balseros que viven en ranchos. Sin embargo, en Estados Unidos, las heladeras y los autos usados tampoco parecen ser la solución.
 

“El individualismo” dice Ernesto Guevara en Che, el argentino, “ese acto aislado de una persona sola en el ambiente social, debe desaparecer de Cuba”.
 

Con Steven Soderbergh, sucedió algo inesperado. Finalmente un director norteamericano, hizo tal vez la mejor película sobre el Che en la historia del cine.
 

Soderbergh es un realizador especial dentro y fuera de Hollywood. Lanzado como director independiente en 1989 con Sexo, mentiras y video, alcanzaría buenas críticas con The Limey en 1999 y la fama con Erin Brockovich (2000) y la controversial Traffic (2000).
 

Luego se dedicó a remakes con La gran estafa (Ocean´s eleven), Solaris (de Tarkovsky con final diferente), y The Good German (que imitaba el estilo de hacer películas de espías en los ´40).
 

Frente a la profundidad del personaje, Soderbergh cuenta su historia en dos films, del que sólo se estrenó el primero.
 

Esta primera película sorprendió por su sobriedad, evitando que el Che sonara grandilocuente, siendo que es casi imposible hacerlo hablar sin que veamos sus palabras escritas en el aire.
 

Benicio Del Toro baja su histrionismo para ejecutar un Guevara que no esquiva temas como los fusilamientos a traidores en Sierra Maestra o en la misma Cuba postrevolucionaria.
 

Presentado como una entrevista que se le realiza en New York, con motivo de su visita a la ONU,  el film hace constantes saltos en el tiempo mientras narra desde su primer encuentro con Fidel, hasta el triunfo de la revolución.
 

La mirada del periodista norteamericano, sus preguntas, sus intereses, representan también las de su pueblo, que ya no percibe a Cuba como una amenaza. Igual que con la película de Kalatazov, el tiempo ha ido horadando la significación de amenaza que la isla tenía en los ´60, cuando Varda tomaba sus fotos o Gleyzer hacía sus notas.
 

La palabra que cierra el filme, sale de la boca del Che: “Increíble”, dice. Una isla, un grupo de hombres, una gesta épica, la revolución, la resistencia, la crisis, exilios y triunfos. Cuba es una historia de película.   

   



    
 

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