BREVES
Causa Noble: "La resolución de Bergesio es inentendibe"
Así lo expresó a P&M el abogado de la familia Lanoscou, Pablo Llonto, respecto del pronunciamiento del magistrado, quien, luego de enviar las muestras al Banco Nacional de Datos Genéticos, resolvió que se debía cumplir con la ley que ordena que eso se realice. Según Llonto, "la táctica de los abogados de Noble, con el guiño del juez, es dejar pasar el tiempo porque si ella muriera, ya no quedarían culpables".
Revista #27 Mayo 2009 > Agricultura
El modelo de los cultivos transgénicos
La concentración económica y tecnológica es un fenómeno global. Paradójicamente, la ilusión de un mundo sin hambre se vende a través de los monopolios y la filantropía capitalista. El modelo agroindustrial propone más dependencia, fragilidades sociales y económicas.
MONSANTO: Una enfermedad contagiosa
El gurú del marketing estadounidense Theodore Levitt llamó convergencia de gustos a la globalización, a la convergencia de los mercados por la fuerza de la tecnología. Las empresas transnacionales actúan en el campo económico, social y cultural con una tendencia por fuera de todo esquema territorial soberano. La convergencia de los mercados elude en muchas ocasiones la convergencia de voluntades. Tal es así que los modos de producción de los agricultores han ido mutando de acuerdo al avance tecnológico-científico concentrado en pocas manos.
La Argentina verde y competitiva es el resultado de políticas de Estado al servicio de los agronegocios y de la maquinaria biotecnológica que no se detiene y que pone a cada cual en su lugar. La agricultura industrial, en detrimento de la soberanía alimentaria, promueve la dependencia de los supuestos beneficiarios y crea las condiciones necesarias para su derivación en conflictos sociales, económicos y políticos. El desarrollo nacional previsto en la década pasada significó ser el escenario en el cual se puedan experimentar los métodos más avanzados de agricultura –semillas transgénicas- para retomar la agroexportación como modelo supremo. El protagonista, Monsanto, vendió su herbicida a un tercio más barato con respecto a otros países; se estaba subsidiando a los agricultores (Pierre-Ludovic Viollat, Le Monde diplomatique, abril 2006).
“Por la innovación en semillas, los productores tienen cada vez más cultivos de mayor rinde”, leemos el 8 de marzo de 2009 en
Aldea global
De las 100 economías más grandes del planeta, 51 son corporaciones transnacionales según datos de 2006. No ajeno al contexto monopólico, el mundo de las semillas adquiere visibilidad en los gigantes genéticos que dominan el mercado y la concentración: quien domina las semillas domina el principio de la cadena de producción de alimentos. En el podio global de la concentración semillera se encuentran diez corporaciones de las cuales cinco son gigantes genéticos (ETC Group, 2002). Las tres compañías que encabezan los primeros puestos en ventas –Monsanto, DuPont y la suiza Syngenta – han tenido ingresos en 2006 por 9000 millones de dólares que, traducido, quiere decir el 39% del mercado mundial.
El panorama corporativo tiene grandes aliados. Por un lado, aquellos países que institucionalmente poco hacen para evitar pertenecer al modelo de los agronegocios y al mundo de los Organismos Modificados Genéticamente. Por el otro, el capitalismo filantrópico atento a sus ofertas pero no a las demandas de la población. La primera Revolución Verde nació de la mano de las fundaciones Ford y Rockefeller; la segunda está acompañada por 150 millones de dólares en una primera inversión emanados de la fundación que preside Bill Gates y señora, más Rockefeller que continúa su altruismo en el incipiente siglo. Las características que acompañan al plan llamado Alianza para una Revolución Verde para África presupone la eliminación del hambre en África contemplado en el mejoramiento de los suelos para un mayor rendimiento de los cultivos y permitir a los agricultores el acceso a los fertilizantes. Para el cumplimiento de los objetivos, se tuvo la extrema prudencia de contratar a dos ex empleados de Monsanto provenientes de la división de biotecnología del gigante norteamericano.
Brasil y Sudáfrica aprobaron en 2003 la siembra de cultivos transgénicos como soja o maíz Bt. En América Latina se suman Uruguay, Bolivia en 2008 sembrando 600 mil hectáreas de soja Roundup Ready (RR) y Paraguay. En África, Burkina Faso y Egipto se sumaron al optimismo agroindustrial para comercializar algodón Bt y maíz Bt respectivamente. Siguiendo la tendencia pro mercado biotecnológico,
Inmediatamente la soja (RR) se instaló en el mercado, Argentina, de la mano de Felipe Solá y Héctor Huergo –que edita el suplemento Rural de Clarín – hizo gala de un modelo agroexportador de vieja data en el contexto de las políticas neoliberales. Escribe Huergo en febrero de 2007: “Soja y maíz son, precisamente, los dos cultivos que mejor expresan la visionaria decisión de insertar a la Argentina en la era de la biotecnología. Un día habrá que homenajear en serio la jugada de Felipe Solá, cuando liberó al mercado la soja transgénica, precisamente en 1996”. ¿A quién le pertenece la biotecnología?
Los objetivos
Ante el avance de las corporaciones y sus productos que implican modelos, tanto para el país de origen de la empresa, como para aquellos llamados en desarrollo que alegremente adoptan los nuevos postulados, las regulaciones institucionales chocan con el poder o el avance privado a secas. La paradoja es la siguiente: “un éxito económico y agronómico (…) implica más importación de alimentos básicos, además de la pérdida de la soberanía alimentaria, y para los pequeños agricultores familiares o para los consumidores, esa clase de incrementos sólo implica un aumento en los precios de los alimentos y más hambre” (Revista Mundo Natural).
El camino correcto en clave corporativa la resume un ex directivo de Cargill citado por Brewster Kneen autor de "Gigante Invisible. Cargill y sus estrategias transnacionales": “Hay una creencia equivocada de que la mayor necesidad agrícola del mundo en vías de desarrollo es alcanzar la capacidad de producir comida para el consumo local. Esto es un error... Los países deben producir lo que ellos mejor hacen, y comerciarlo... La agricultura de subsistencia... encamina al mal uso de recursos y daña al medio ambiente” (Adolfo Boy, Grupo de Reflexión Rural).
Otra herramienta para doblar la apuesta es la denominada tecnología Terminator. Dicha tecnología implica que las semillas una vez cosechadas se vuelven estériles para usos posteriores. Terminator o semillas suicidas expone a 1400 millones de personas al peligro de poner fin a su soberanía alimentaria. La tecnología está contenida, por el momento, con una moratoria de facto por parte del Convenio de Diversidad Biológica de Naciones Unidas que prohíbe la comercialización de las semillas y las pruebas de campo. La tecnología significa que “los agricultores serán obligados a pagar por el privilegio de restaurar la fertilidad a sus semillas cada año, una nueva forma de perpetuar el monopolio de la industria de las semillas” (Terminator: la secuela. ETC Group, 2007).
Los enfoques corporativos van de la mano de resoluciones institucionales que acatan o no determinados procesos. En el año 2005
La penetración corporativa actúa de manera externa a las necesidades internas de cada país. Según
Poderes
La agroindustria que propone una agricultura sin agricultores literalmente o agricultores que no tengan ningún poder de decisión frente a los avances tecnológicos, la manera de cómo y qué producir, hacen eco de un régimen que se traslada del norte hacia el sur. La dependencia económica del país receptor de tales avances tecnológicos se acentúa de tal manera que decir no a la biotecnología es resignar dinero para las arcas estatales, más aún si las exportaciones no están lo suficientemente diversificadas.
En Ecuador, por ejemplo, se aprobó en febrero de 2009
La Argentina por su parte, piensa en la soja como la madre de todas las soluciones, pero también promueve determinados conflictos. Es un problema fiscal –recaudación por parte del Estado- y es el drama de las retenciones que
De esta manera, los modelos monopólicos favorecen esquemas de producción que como sugiere el científico etíope Melaku Worede crean nuevas dependencias y fragilidades en la economía. Su pensamiento en suelo africano se traslada globalmente y agrega que se debe construir desde los campesinos o agricultores, que debemos preguntarnos para quién está dirigida la supuesta Revolución Verde en el nuevo milenio.
La dependencia se manifiesta en el precio que el mercado ofrece, en lo que hay que hacer para satisfacer las demandas de países que se dedican mayormente a las manufacturas. El economista Julio Sevares sostiene dos escenarios como alternativas: “…dejarse llevar por la corriente de la historia hacia un nuevo y más complejo esquema de asimetrías, dependencia y vulnerabilidad comercial, o sustituir importaciones y exportaciones” (Revista Nueva Sociedad, enero-febrero 2007).
El mercado nos da la posibilidad de integrar un círculo vicioso en el que la tecnología y la ciencia no dan cuenta de la redistribución de la riqueza y de los recursos naturales. Al contrario, premisas basadas en dichos elementos escapan al conjunto de la sociedad beneficiando a los monopolios reinantes. Las demandas de la población, el hambre y la miseria, la concentración y la redistribución de la riqueza, el desplazamiento y la contaminación, no pueden ser respondidas mediante la acción corporativa porque el equilibrio es inexistente en el conjunto de la sociedad. Los esquemas agroindustriales son producto de políticas neoliberales con una marcada tendencia hacia la concentración en todos los niveles. La convergencia de voluntades está lejos de obtener un resultante favorable hacia los problemas estructurales, sino más bien todo lo contrario.
Idas y vueltas
En Europa la cuestión transgénica tiene varias aristas. Por un lado, Alemania junto a Luxemburgo, prohibieron los cultivos transgénicos sumándose Francia, Italia, Grecia y Polonia. Precisamente la prohibición recae en el maíz MON 810 de Monsanto. El maíz transgénico es el único permitido por
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